3/18/2011

Por: Janeth Araujo Ruano
Colectivo Agrario Abya Yala

Digamos por ejemplo
que la frontera pierde sus aduanas
y hasta nos invadimos los unos a los otros
nos prestamos volcanes y arroyitos (…)
y poetas y prosistas y petróleo
y el contrabando queda para el viento
y para los amantes migratorios.
Tampoco eso es el imperialismo.

Mario Benedetti

“Ecuador está atrasado 15 años con respecto a Colombia”. Ésta fue la frase que nos acompaño a la salida de Pasto y que durante todo el viaje estuvo en diálogo con la realidad de éste país. Efectivamente, salimos de la capital nariñense con la ansiedad que rebosa las mochilas y la expectativa que exalta los corazones. En la frontera, sin mayores contratiempos para obtener la tarjeta andina que permite viajar libremente por todos los países andinos (a excepción del paso desde Colombia hacia Ecuador que exige pasado judicial apostillado), ya se observaba una similitud cultural y geográfica con el departamento de Nariño, que antaño formaba parte de la provincia de Quito, de ahí las similitudes y la innegable hermandad.




En un instante, solo una franja amarilla ubicada en el puente Rumichaca separaba a un país del otro. Y al cruzarla, empezaron las sorpresas dando la bienvenida a la Hermana República del Ecuador: Durante el gobierno de Correa se han adoptado medidas ampliamente criticadas desde las lógicas neoliberales que han ido desde la nacionalización de algunas empresas, hasta la generación de subsidios, medidas éstas que van en contra del juego del libre mercado y que en la gente de pie se conciben de otra manera, pues han constituido la posibilidad de acceder a beneficios y bienes que antaño no percibían. El precio[1] del combustible está alrededor de $ 2500 frente a los $ 8500 que cuesta en Colombia; los peajes también hallan grandes diferencias, el más costoso se ubica alrededor de los $7200, y el más económico está en $500. Si la memoria no me traiciona, en Colombia, estas tarifas se ubican respectivamente entre los $60000 y $6000 para tracto mulas y carros particulares respectivamente. Adicionalmente, en comparación con Nariño, el gas domiciliario se consigue a $5000 pesos acompañado de hermosas melodías de música andina, frente a la campana que en ciudades como Pasto anuncia que debes destinar cerca de $30000 al mismo cilindro. Estas enormes diferencias se lograron gracias a la nacionalización de las empresas petroleras y la defensa que desde éste gobierno se hizo para que los beneficios de su explotación se quedaran en su país.

Otro aspecto que los ciudadanos y ciudadanas reconocen a este gobierno es el enorme avance que en construcción de carreteras se ha hecho. En palabras de uno de ellos, “Correa ha hecho en carreteras lo que otros gobiernos no han hecho en 30 años”. Así mismo, el reconocimiento de la importancia que tiene la educación y el rescate de la cultura para la construcción de país se evidencia en la instauración de una educación gratuita. Lo más gratificante es que en el imaginario de los y las ecuatorianas la garantía de la educación gratuita por parte del Estado ya está en su imaginario, para ellxs, la exención en el pago de matrículas y la generación de posibilidades materiales para educarse no es un favor que el Estado les hace, al contrario, ante la eventual compra que hacen de algunos útiles escolares, ponen en entredicho esa gratuidad. Otra de las políticas de Correa en este sentido es que respondiendo a la última batalla que están luchando los indígenas, el rescate de la cultura ancestral se hace necesario, y partiendo del hecho de que el lenguaje no constituye solo una lengua sino también toda una visión del mundo, a partir del 2011, todos los ecuatorianos y ecuatorianas están aprendiendo kishwa.

Sumado a lo anterior, hay que mencionar otros aspectos. El rescate y fortalecimiento cultural hacen parte de las políticas públicas del Ecuador, cada fin de semana, en los parques y plazas públicas hay eventos musicales y artísticos que les recuerdan a los ecuatorianos y ecuatorianas quienes son. La tarifa de los buses urbanos es de $500, con tarifa preferencial para escolares, ancianxs y minusválidos, quienes pagan únicamente $300 y en ciudades como Quito funciona las 24 horas del día; a la par, la tarifa del transporte terrestre intermunicipal está alrededor de $2000 por hora de viaje, es decir, mientras en Colombia pagamos $45000 de Bogotá a Cali, en Ecuador, por ese mismo trayecto pagaríamos únicamente $20000. Aunque el salario mínimo en el Ecuador es cercano al colombiano, el costo de vida allá es inferior. Con todo esto, aquella frase que acompaña algunas obras públicas de la ciudad y está en otros espacios escolares y cotidianos, está llena de contenido: “Ecuatorian@, esta obra es financiada por la revolución ciudadana”.

Pese a políticas de Correa que las ecuatorianas y ecuatorianos han percibido de manera benéfica, también hay críticas, por supuesto. En palabras de otro ciudadano, “aunque Correa le puso el estate quieto a los ricos de siempre, hoy hay nuevos ricos, hay mucha corrupción, pero un justo no puede cambiar a 30000 justos”.

Con todo ello, sería erróneo atribuir el éxito de éstas políticas a un solo gobierno, aquí, la historia y el legado de guerreras y guerreros que tienen los y las ecuatorianas juega un papel determinante. La historia de la recuperación de la Hacienda el Peguche es una muestra de ello. Ante la indagación sobre las razones para recuperar la hacienda por las vías de hecho, la respuesta es sencilla “estábamos cansados de que nos explotarán, llevábamos 5 generaciones de explotación y los sacamos corriendo”. Hoy, la hacienda tiene un carácter de propiedad comunal y una parte de ella está destinada al turismo, de lo que se sostienen los indígenas que viven en la zona.

Otra de las características de la sociedad ecuatoriana es su carácter no violento per se y la prevalencia de las leyes indígenas tan presentes: no robar, no mentir, no matar. De ello, su repudio hacia los colombianos y colombianas se entiende de alguna manera, pues hoy, en las páginas judiciales ecuatorianas, por cada delito cometido hay un colombiano implicado, y en su concepción, han sido los colombianos y colombianas quienes le han dañado el corazón a los ecuatorianos y ecuatorianas. Esto es algo que por supuesto merece mayor debate.

Quizá con situaciones como las mencionadas los ecuatorianos y ecuatorianas han sabido identificarse como tal, logrando reafirmar su identidad. La efervescencia en las palabras de una ecuatoriana dan cuenta de ello cuando pronuncia “Ecuador, mi país”

Por supuesto, las diferencias que puedan existir entre Ecuador y Colombia ponen en otro plano esta comparación, sin embargo, teniendo en cuenta que tal como dice Diana Uribe, compartimos una historia común y las sociedades somos hijas de un mismo parto, la experiencia en el Ecuador nos invita a echarle un ojo a nuestras realidades.

Y aunque hay tantas cosas por mejorar, y en algunos sitios turísticos te prohíben darte besos en público, y los niños se camuflan cuando son sorprendidos por las miradas de personas vestidas de color, y hay arduo camino por recorrer, esta experiencia con la realidad ecuatoriana invita a redefinir esa concepción de atraso, o más bien, el de modernidad. Según algunas voces, para los ecuatorianos y ecuatorianas aún no ha llegado la modernidad porque sus azares y conocimientos no están en sus manos, porque conservan su cosmovisión, su cultura, su vestido, su vida, aunque hoy tengan la posibilidad de comer mejor, de vivir mejor, de no morir por desnutrición o mendigando en la calle, de reír sin esos azares que la modernidad y el no ser atrasado te impone.



[1] Todos los precios se calculan con una tasa de cambio de $2000 por dólar. Cabe resaltar que en el momento del viaje se encontraba en $1940 y que actualmente está fluctuando con intensiones de baja aún más.


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