3/24/2011

Por Alexis Urrea
Colectivo Agrario Abya Yala

Sección Ponencia presentada en Argentina en 2010. Documento completo (clic aquí)

El sistema universitario colombiano[1] ha estado permeado históricamente por distintos modelos de universidad, estrechamente vinculados con los intereses de las élites gobernantes, la religión católica y las politicas imperialistas. Las primeras universidades en Colombia pertenecieron a las comunidades religiosas que llegaron con el proceso de conquista del territorio americano[2]. Estas universidades se caracterizaron por ser parte de un sistema escolástico y conventual; fueron universidades autónomas pero nunca fueron universidades públicas, es más, restringieron el acceso a la educación mediante mecanismos como limpieza de sangre, tradición católica y pertenencia a familias con títulos de nobleza. Este sistema tuvo como objetivo la represión cultural de la organización indígena y negra, y su incorporación en la estructura socio-política Colonial, en su mayoría, mediante relaciones de esclavitud y servidumbre.

Desde el siglo XVII se comenzó a pensar en una universidad pública que dependiese directamente de la Monarquía, proyecto que se consolidó hacia finales del siglo XVIII con el afianzamiento de un modelo universitario de corte europeo con tendencia racionalista y pragmática. Con esto se dio paso al uso de las ciencias exactas con el objetivo de aprovechar los recursos naturales del territorio y por ende de crear las condiciones necesarias para comercializarlos. Este cambio fue producto de las nuevas relaciones comerciales derivadas del contrabando y el comercio con bucaneros ingleses, holandeses y franceses.

Con el establecimiento del Estado Republicano y su vinculación directa con el mercado mundial, se inicia una reestructuración de la universidad hacia un modelo liberal de educación superior. Este proyecto se caracterizó, en principio, por ser educación impartida únicamente por el Estado, orientada a las nuevas tendencias del modelo racionalista, liberal y burgués europeo. Promovió la formación de los cuadros profesionales de la Primera República pero continuó con el carácter elitista de la educación. Posteriormente se orientó hacia el modelo liberal con una red descentralizada de educación, paralelo a una nueva concepción de las relaciones sociales: abolición legal de las relaciones serviles y de esclavitud, ampliación del derecho al voto, abolición del ejército permanente, reforzamiento de las autonomías locales. En 1867 se funda la Universidad Nacional de los Estados Unidos de Colombia, la cual alcanza a funcionar con autonomía durante una década antes del advenimiento de las guerras civiles que llevan a la militarización de los establecimientos universitarios y la destinación de la mayor parte del presupuesto nacional para la guerra.

En el último tercio del siglo XIX, un proceso de contra-reforma restaura el poder y hegemonía de los viejos sectores políticos, sociales y religiosos, cerrando las puertas a cualquier intento de reforma e insurgencia popular. Este cambio se consolidó mediante la Constitución de 1886 y el Concordato de 1887. La educación pasó a ser controlada por la Iglesia Católica y el Vaticano, definiendo un modelo de universidad elitista, cerrada, confesional, autoritaria, limitada a la formación de un pequeño grupo de profesionales y negando el acceso del pensamiento de filósofos y científicos sociales tales como Darwin, Marx, Hegel, Kant y Descartes. La Universidad Nacional es convertida en una serie de escuelas de educación superior, atomizadas y sin unidad orgánica[3].

En 1935, bajo el gobierno de la segunda república liberal y la moderna apertura capitalista, se promovió un modelo educativo universitario democrático y profesionalista. Se gestionó un sistema integrador, que en la Universidad Nacional se reflejo en la construcción de la “Ciudad Universitaria” donde se integraron las Facultades e institutos de la misma y se le dio un nivel de autonomía que incluía el cogobierno de la universidad con el cuerpo de profesores y estudiantes. Sin embargo, este proyecto de educación para todos fue desmontado con una contra-reforma en 1946 que concentró nuevamente el poder político y económico. En este período (1946-1957) aparecen las primeras universidades privadas que no responden a los intereses políticos ni religiosos, sino a la formación de una élite tecnocrática cuya competitividad es medida con parámetros internacionales. En este período se produce el proceso de internalización de las corporaciones trasnacionales y la instauración de las formas modernas del absolutismo de Estado.

El modelo de universidad desarrollista, impulsado desde la década de los años sesenta, ha correspondido al proceso de implantación del sistema norteamericano de educación superior en el cual hay una marcada diferencia entre los diversos estamentos: a unos les corresponde administrar; a otros enseñar; y a los estudiantes estudiar -no gobernar ni administrar-[4]. Este modelo desarrollista de universidad se caracteriza principalmente por: una estructura tecnicista y profesionalista de la universidad; la formación de profesionales que responden a las necesidades de la economía de mercado en el proceso de transnacionalización pero que se alejan de las necesidades de desarrollo de la sociedad colombiana; la estratificación académica de acuerdo a las necesidades tanto del mercado interno –trasnacionales, empresas privadas, empresas del estado- como del mercado internacional reflejado en la migración de personal altamente calificado, estratificación que a la vez refleja la estructura de clases a nivel de la educación superior; la intervención directa de las corporaciones transnacionales en la orientación y financiamiento de los programas de investigación universitaria[5]. Sumado a esto, este modelo propende hacia una autonomìa puramente operacional o administrativa de la universidad, cuya dirección académica sea vertical, de forma que su funcionamiento sea el de una empresa comercial sometida a las reglas del capital.[6]

Dentro de este marco, se ha presentado una expansión del sistema universitario. Sin embargo, dicha expansión se ha reflejado en la aparición de una gran cantidad de universidades privadas de segunda clase encargadas de recibir el creciente número de estudiantes que no son soportados por el sistema público y cuyos sistemas de educación tienen un enfoque tecnicista. La universidad privada se ha mostrado como el paradigma de empresa rentable y centro hegemónico de la educación superior. Por otro lado la universidad pública también se ha expandido hacia las regiones, sin embargo, su calidad y recursos continúan centralizados, bajo la amenaza cada vez más cercana del proceso de privatización.

La universidad pública depende cada vez menos de sí misma, ha visto coartada su capacidad de pensamiento crítico y su autonomía por la intervención y represión de un Estado absolutista que responde tanto a las necesidades de una élite política y social, como también a intereses imperialistas. Es segregada cada vez más del pueblo que la sustenta, se aleja de ser un órgano líder en el desarrollo social y cultural que propicie la transformación de la sociedad colombiana, incapaz de conformar una red nacional universitaria. Esto es lo que Antonio García denomina la “crisis de la universidad” [7].

Sin embargo, en el período de coyuntura actual de nuestro país, los diferentes grupos sociales y culturales se han ido uniendo para reivindicar sus derechos, para generar desde lo local y lo regional un gran proceso de transformación del país. El llamado ha incluido a las universidades públicas y algunas privadas, que aún se reflejan en la sociedad como espacios de lucha y resistencia, como espacios para la construcción conjunta de un conocimiento que se adapte a las necesidades propias de la realidad del pueblo colombiano.

Hacia la autonomía universitaria.

Es necesario abordar una definición del concepto de autonomía universitaria, sobre el que sea posible plantear una propuesta de trabajo respecto a una universidad inclusiva, del pueblo y para el pueblo. La autonomía universitaria puede ser entendida de diversas maneras de acuerdo al nivel en que se piense el concepto de autonomía. Antonio García[8] propone tres niveles de autonomía universitaria: a) Aquel en que la universidad dispone de una capacidad simplemente operacional y administrativa de una cierta comunidad universitaria, subyugada a los parámetros científicos, ideológicos y técnicos tanto del Estado como del modelo de desarrollo capitalista ; b) En el que la universidad tiene un autogobierno, esto es tanto la capacidad de administrar autónomamente los recursos propios (económicos, físicos, culturales) como la de tomar decisiones sobre el esquema académico y el estilo de formación de sus profesionales, sin embargo debe continuar sometida a los lineamientos generales del modelo de desarrollo estatal; c) el nivel superior, en el cual la autonomía universitaria se entiende como la capacidad de autodeterminación que conquista una comunidad universitaria cuando se transforma en la conciencia crítica de una sociedad. En este nivel la universidad se proyecta como un órgano capaz de establecer su propio rumbo y establecer rumbos culturales de la sociedad en la cual se integra, sustentada en la identificación con los intereses, propósitos y objetivos de un pueblo.

Nuestra apuesta se dirige hacia este último nivel, conscientes del compromiso que debe tener la academia con los problemas que afronta nuestro país y con su participación en la solución de los mismos.

Por Alexis Urrea - Colectivo Agrario Abya Yala

Sección Ponencia presentada en Argentina en 2010. Documento completo (clic aquí)


[1] Este análisis se basa principalmente en la información histórica que aparece en el libro de GARCÍA Antonio, La crisis de la universidad. La universidad en el proceso de la sociedad colombiana, Bogotá. Plaza & Janes, Editores – Colombia Ltda. 1985.

[2] La Universidad Santo Tomas, primera universidad fundada en Colombia hacia el año de 1573, era una institución universitaria del Convento de Nuestra Señora del Rosario de Santafé.

[3] LUCIO, Ricard y SERRANO, Mariana

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