3/23/2011


"El núcleo del problema de la reforma agraria en América latina -nos dice en esta obra- ha consistido en creer que la cuestión del cambio estructural podía enfrentarse como si se tratase de una simple multiplicación de propietarios -«dar la tierra a quien la trabaja»-, presuponiendo que los problemas de las nuevas formas de tenencia pueden desarticularse del funcionamiento del sistema de relaciones internacionales de intercambio o del sistema capitalista de mercado, tal como existe en un país atrasado y dependiente"
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SOLAPA

En la prolífica vida intelectual del colombiano Antonio García (más de treinta libros publicados desde 1934, director de importantes revistas, profesor de gran número de universidades americanas, consultor de la CEPAL y de los gobiernos de Bolivia Ecuador, México, Chile, Perú y la República Dominicana) descuella un elemento que atrae por igual a administradores y opositores: la tenacidad doctrinaria, fortalecida por el estudio y la combativa prédica de un cuarto de siglo. Profesor en su país de Economía del Desarrollo, es un reconocido experto continental en re- forma agraria.
El núcleo del problema de la reforma agraria en América latina -nos dice en esta obra- ha consistido en creer que la cuestión del cambio estructural podía enfrentarse como si se tratase de una simple multiplicación de propietarios -«dar la tierra a quien la trabaja»-, presuponiendo que los problemas de las nuevas formas de tenencia pueden desarticularse del funcionamiento del sistema de relaciones internacionales de intercambio o del sistema capitalista de mercado, tal como existe en un país atrasado y dependiente.
La ideología de la modernización como sustituto tecnocrático de los cambios estructurales inspiró los tipos de reforma agraria proyectados de acuerdo con las normas o fines de la Carta de Punta del Este o la Alianza para el Progreso. Dicha modernización, iniciada luego de la Primera Guerra Mundial, introdujo cambios significativos en los métodos de comercialización, agilizó el mercado rural de trabajo, etc., pero no modificó los elementos que definen toda la estructura latifundista-minifundista: el monopolio selectivo sobre la tierra, la dominación social del campesinado, el control absoluto de los recursos nacionales de tecnología y financiamiento, la subocupación o dilapidación de la tierra y el agua, el creciente desempleo de la fuerza de trabajo rural. El porcentaje de familias sin tierras o con aguda escasez de ellas fluctúa en América latina entre el 65 y el 80 %. Alrededor de ocho décimas partes de las familias rurales viven ancladas en formas marginales de la llamada «economía de subsistencia».
La modernización agrícola de América latina revela los rasgos típicos: de la «cultura de la dependencia»: falta casi absoluta de capacidad creadora, pérdida o anquilosamiento de la iniciativa, imitación servil de los modelos de investigación científica y tecnológica consagrados en la nación: netropolitana.
Esto se sintetiza diciendo que América latina necesita un nuevo objetivo estratégico, o sea, un propósito que la oriente, articule y motive, y: se objetivo solo puede definirse en a medida en que se trace el proyecto de una «nueva sociedad latinoamericana».

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