6/12/2011

Thalia Hernández Amezcua
Estudiante de Maestría en Economía Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)

Introducción

El sistema capitalista ha generado una serie de absurdos ambientales y sociales que no se incluyen como variables de estudio en el análisis económico imperante. La ciencia económica ortodoxa se ha limitado a fungir como una guía de crecimiento económico ilimitado. Se ha olvidado que el proceso económico esta sujeto a las leyes de la termodinámica y en consecuencia su limitante física es irrevocable.

Este trabajo sostiene que la idea de crecimiento ilimitado presenta incongruencias con la sostenibilidad del proceso económico, plantea que ésta conducirá inequívocamente a un estado de agotamiento de recursos naturales.

Esboza el concepto de decrecimiento como variable económica y asume como necesario un cambio en el objetivo central de nuestro modelo socioeconómico, desmarcándose del proceso de mercantilización de todas las esferas de la vida que ha sido impuesto por la lógica capitalista.

La economía del crecimiento

La economía de tiempo humano es la ventaja de las máquinas industriales. Charles Bobbage

A lo largo de la historia, el ser humano ha desarrollado diversos sistemas sociales para proveerse de bienes que satisfagan sus necesidades para permitir su reproducción. Los sistemas sociales son en consecuencia producto de valores sujetos a racionalidades delimitadas en un contexto histórico específico. El sistema capitalista es entonces consecuencia de un cambio de valores en el sistema social, donde el individualismo y la propiedad privada juegan un papel determinante.

Al mismo tiempo que el capitalismo comienza a desarrollarse como sistema productivo, la economía centra su objetivo esencialmente en la riqueza material, asignando un valor monetario a todo lo que sea sujeto de valor. La creación del valor surge entonces como el problema clave de la economía y la existencia de diversas corrientes dentro de la misma ciencia son muestra de lo anterior. De esta manera observamos como los mercantilistas la relacionaron exclusivamente con el oro, los fisiócratas con la naturaleza, Smith y Marx con el trabajo, y los neoclásicos con la utilidad.

De este modo, durante el capitalismo el problema de la creación del valor se sujeta exclusivamente a la riqueza material, es decir, sin importar de donde provenga su valor ésta debe producir mayor riqueza para satisfacer las necesidades de una sociedad[1], las necesidades se relaciona así con el dinero como fuente de valor.

Bajo esta lógica, el sistema capitalista se desarrolla a partir de la noción de la liberalización de los mercados y a través del crecimiento de la oferta de bienes logrado gracias al surgimiento de nuevas técnicas productivas. El consecuente desarrollo de medios y métodos de comunicación y transporte como los ferrocarriles y los buques envolvió al mundo en la vorágine de un nuevo sistema económico que se expandió y se impuso con gran rapidez.

La economía del mainstream[2] comenzó entonces a esforzarse por analizar y estimular este nuevo sistema. Encaminó sus esfuerzos a sentar las bases teóricas necesarias del crecimiento exponencial y comenzó a crear modelos donde las variables como competitividad, productividad y desarrollo tecnológico eran las vías para ello.

Pero no solamente comenzó a desarrollar modelos que proponían diversas formas de crecimiento sino que a la par comenzó a abandonar los enfoques que incluían a los recursos naturales como parte fundamental del proceso económico de creación de valor. Este abandono por el ambiente natural y su consecuente ausencia en el análisis del proceso económico, obedecía a los logros sin precedentes de la revolución industrial que indujeron a sobreestimar las virtudes y los poderes de la ciencia, generó economistas que no relacionaban el proceso económico con las limitaciones naturales del ambiente.

Más de dos siglo después, la vorágine del sistema económico capitalista comienza a llamar la atención de algunos estudiosos de la economía que observaban como ésta se había convirtió en una ciencia de precios; y cuestionaban el valor económico como concepto científico, pues creían que la causa del valor no podía reducirse a una entidad directamente mensurable (Georgescu-Roegen, 1983).

Asimismo comienzan a surgir argumentos en contra de la epistemología mecanicista que redujo el proceso económico a “un modelo mecánico autosustentado inscrito en un sistema completamente cerrado” (Ibídem, 1983:831). El olvido de los economistas sobre el papel de los recursos naturales y el problema de la presión demográfica, así como su consecuente reducción a un aglomerado inmenso de ejercicios matemáticos vacios y esotéricos, se reflejaban en ideas que pretendían volver de la economía una ciencia exacta. El enfoque fragmentario de los economistas neoclásicos, su preferencia por los modelos cuantitativos y su olvido de la evolución estructural de la economía daban como resultado una división entre la teoría y la realidad económica (Capra, 1996).

Al hacerse evidente que el desarrollo capitalista había generado una división social que se contraponía a la idea de un aumento de bienestar de la población mundial, algunos estudios se enfocaron a proponer formas de transferir la riqueza material a las poblaciones “menos beneficiadas”[3]. Sin embargo, esta idea se circunscribía al dogma del continuo crecimiento y la consecuencia más grave de esto es el agotamiento de los recursos naturales del planeta. Puesto que el aumento de la producción de bienes y servicios necesariamente aumenta el consumo de recursos naturales, y este consumo es más rápido que la regeneración natural –como ocurre actualmente- esta situación nos lleva al colapso de disponibilidad de éstos.

Las leyes de la termodinámica

Desconocer la segunda ley de la Termodinámica es como no haber leído nunca el Quijote. Charles Percy

Sobre la relación que existe entre el proceso productivo y el agotamiento de los recursos, Georgescu-Roegen publica en 1971 la obra The Entropy Law and the Economic Process. En este ensayo, estima que el modelo económico neoclásico no tiene en cuenta el principio de degradación de la energía y la materia, introduce el término de entropía en sus análisis y asocia a cada flujo económico de materia y de energía una entropía que al aumentar, significa pérdida de recursos útiles.

El análisis de Georgescu-Roegen establece la primera ley de la termodinámica, la cuál indica que la energía no se crea ni se destruye, sino que, durante un proceso solamente se transforma en sus diversas manifestaciones (trabajo y calor). Si esto es así el proceso, observado desde el punto de visto físico, es un proceso parcial a través del cuál se intercambia la materia y la energía con el resto del universo material; no produce ni consume materia-energía, sólo la absorbe y la arroja continuamente. En consecuencia existe una diferencia cualitativa entre lo que entra al sistema y lo que sale de él: “lo que entra son recursos naturales valiosos y lo que sale es un deshecho sin valor” (Georgescu-Roegen, 1978:185). En otras palabras, la materia-energía entra al proceso económico en un estado de entropía baja y sale de este en un estado de entropía alta.

La segunda ley de la termodinámica declara que la entropía de un sistema cerrado se incrementa continuamente, o que el orden de tal sistema se convierte constantemente en desorden. Lo anterior significa que la disminución de entropía de un subsistema cerrado sólo se puede obtener a costa de un mayor incremento de entropía en otro subsistema. Así, en términos de la entropía el costo de cualquier empresa biológica o económica siempre es mayor que el producto, pues desde un punto de vista físico el proceso económico solo transforma los recursos naturales valiosos en deshechos sin valor.

Evidentemente, el proceso económico es establecido por Georgescu-Roegen como entrópico en el sentido físico de transformar materia o energía, de baja entropía, en alta entropía, y sólo puede obtener trabajo de una fuente que conlleve una diferencia de temperatura de potencial eléctrico o químico.

La diferenciación, entre el proceso físico natural y el proceso económico en términos entrópicos, reside en el hecho de que el primero es un proceso automático, mientras el segundo está conscientemente, dirigido por la actividad humana, es decir, es sujeto a las actividades que el hombre hace para satisfacer su demanda.

¿Crecimiento económico?

Y tú que te creías el rey de todo el mundo… José Alfredo Jiménez

Con base a lo anterior, podemos establecer que el crecimiento económico resulta un proceso limitado física como temporalmente. El crecimiento económico puede entenderse como un aumento, de orden materialista, en la cantidad de bienes y servicios a disposición de los seres humanos pero este proceso se encuentra sometido a las leyes universales de la termodinámica. Como estas leyes nos señalan que la materia y energía son únicamente transformables en el sentido de su aumento entrópico; la transformación traerá consigo menos accesibilidad de los bienes por parte de los individuos.

El crecimiento económico no puede ser infinito en un mundo finito. El modo de producción capitalista[4] es en consecuencia insostenible, la ciencia económica ortodoxa contradice las leyes de la termodinámica y nos lleva como especie a un callejón sin salida.

A partir de la revolución industrial hemos comenzado a depender cada vez más de herramientas exógenas para nuestra supervivencia; el llamado desarrollo capitalista sobrepasa la capacidad de carga de la tierra. El índice de la huella ecológica[5] ofrece una visión gráfica de esta situación. Ya no hay suficiente área de tierra y mar para proporcionar los recursos que utilizamos y absorber nuestros desechos. Universalizar el estilo de vida de un ciudadano medio de los EEUU implicaría disponer de más de 5 planetas (Footprint, 2009).

Como lo establece Giorgio Mosangini:

“Aunque el crecimiento ilimitado fuera posible, seguiría siendo algo indeseable. La lógica del crecimiento ilimitado hace que el objetivo principal de nuestras sociedades sea tener más” (Mosangi, 2009:6).

Bajo la lógica del crecimiento ilimitado el sistema de producción capitalista presenta su tesis sobre la racionalidad económica, donde los individuos deben comportarse de forma tal que sus preferencias sean ilimitadas, es decir, que no presenten contradicciones con la idea de “mas es mejor”[6] delimitando al individuo como un autómata que dedique sus actividades a satisfacer necesidades creadas de objetos que le proporcionen una “mayor utilidad”.

La mercantilización de la vida, donde todo se rija por la valorización subjetiva y mesurable de sus satisfactores, socialmente intercambiables por dinero y donde la acumulación y la maximización de beneficios económicos sean los parámetros de bienestar se presenta como la respuesta de la economía ortodoxa para la evolución del ser humano.

La competencia es en consecuencia vista como un proceso económico aceptable, donde la dotación inicial es el único elemento determinante entre una vida llena de lujos y comodidades y una vida en la pobreza. Deja de lado la evidencia de que la competencia genera exclusión social y concentración de riqueza así como la evidencia de que el sistema capitalista tiende inexorablemente a la destrucción.

En consecuencia, la siguiente pregunta se nos presenta como obligada, ¿la economía mundial capitalista mantiene parámetros de crecimiento? Hasta donde se ha argumentado, como el proceso económico se encuentra dentro de un problema de restricción de recursos y su propia naturaleza es entrópica, entonces la idea de crecimiento no es factible y tampoco es deseable.

Durante el siglo XX varios estudiosos de la ciencia económica –así como de otras ciencias- se percataron de lo anterior y comenzaron a proponer un cambio en el paradigma económico de crecimiento ilimitado. Se introdujo así una serie de variables sociales y ambientales a la economía, que buscaban explicar las consecuencias que el sistema de producción capitalista había traído consigo.

La idea de decrecimiento económico surge como una corriente de pensamiento económico favorable a la disminución regular de la producción económica con el objetivo de establecer una nueva relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza (Lautoche, 2003)

Descrecimiento económico

La humanidad contemporánea debe elegir entre una existencia larga y modesta o una corta y lujosa. Georgescu-Roegen

El concepto de decrecimiento económico contempla la evaluación de la reducción de la tasa de crecimiento debido a que si se toma en cuenta los daños causados al ambiente así como sus consecuencias sobre el patrimonio natural y cultural, “se obtiene generalmente un resultado de crecimiento nulo e incluso negativo” (Ibídem, 2003:62)

Al respecto, Mosangini establece que:

“El decrecimiento no sólo denuncia la insostenibilidad del modelo de crecimiento ilimitado y su carácter indeseable, sino también pretende defender un gran abanico de alternativas que nos permitan avanzar hacia un proyecto político que permita recuperar la sostenibilidad ecológica y social” (Mosangini, 2009:2).

Como es de notarse la inclusión de ecología como elemento fundamental del proceso económico, se requiere un cambio de valores individuales y colectivos, que devuelvan el protagonismo a la cooperación, la solidaridad, etcétera, ante el predominio de los valores actuales de competición, individualismo y consumismo.

El decrecimiento aboga por un cambio del objetivo central de nuestro modelo socioeconómico, desmarcándose del proceso de mercantilización de todas las esferas de la vida inherente al crecimiento, para situar el cuidado de la naturaleza y de las personas en el centro de nuestras políticas y estrategias.

Conclusiones

Ante la crisis ecológica actual, el decrecimiento se presenta no como alternativa sino como un proceso lógico a seguir, voluntaria e involuntariamente. Al trasgredir los limites naturales de nuestro propio sistema de producción la economía capitalista esta condenada a la extinción. Sin embargo, el colapso del sistema puede generar grandes repercusiones sociales cuando el choque producido entre valores y el contexto no sea para nada benévolo.

Si bien es cierto que el cambio en la racionalidad social implica la incorporación de alternativas que permitan entender el decrecimiento como un proceso oportuno que puede construir un mundo mejor, también es relevante mencionar que la ciencia económica del mainstream no considera lo anterior como posibilidad.

Considero que como economistas debemos comenzar a enfocar nuestros esfuerzos en los cambios que deben hacerse en el sistema productivo como consecuencia irrevocable del agotamiento de la visión cortoplacista del capitalismo. Lógicamente, la perspectiva de decrecimiento en un país como México, no parece ser la más adecuada para su prosperidad enmarcada dentro del discurso de aumentos de beneficio igual a aumento de consumo.

Sin embargo, es necesario atreverse a imaginar nuevas formas de sistemas sociales que contemplen el beneficio no desde parámetros occidentales, sino desde la idea de una sociedad más igualitaria y equitativa. El decrecimiento económico no necesariamente representa el fracaso de la humanidad, sino por el contrario representa una oportunidad de restablecer nuestra relación con la naturaleza.

Bibliografía

Capra Fritjof (1996) EL callejón sin salida de la economía. En: El punto crucial, Ediciones, Argentina. Pp. 213-268.

Footrpint (2009) Versión en línea: http://.www.myfootprint.org/es/

Georgescu-Roegen, Nicholas (1978) La ley de la entropía y el problema económico.En: Ensayos científicos. Ciencia y Desarrollo, EEUU. Pp. 183-196.

Giorgio Mosangini (2009) Ante un mundo imposible: decrecimiento. En: Col·lectiu d'Estudis sobre Cooperació i Desenvolupament. Versión en línea: http://www. dcpis.upf.edu/~raimundo-viejo/docencia/cursosestiu/giorgio.doc

Latouche, Serge (2003) Decrecimiento y post-desarrollo. En: El viejo topo, Versión en línea:

http://www.elviejotopo.com/web/archivo_revista.php?arch=917.pdf


[1] Nótese que es entonces cuando las necesidades de una sociedad comienzan a superar las necesidades básicas del ser humano siendo la riqueza material la única manera de aumentar el bienestar social.

[2] Anglicismo que literalmente significa corriente principal, que se utiliza para designar los pensamientos, gustos o preferencias aceptados mayoritariamente en una sociedad.

[3] Teorías del crecimiento

[4] Hablo aquí de la producción en el sistema capitalista como modelo económico imperante, pero la idea de crecimiento económico infinito no es limitativo de este sistema.

[5] La Huella Ecológica mide el área de tierra y mar biológicamente productiva que la humanidad requiere para proporcionar los recursos que utiliza y absorber sus desechos.

[6] La racionalidad de un consumidor esta determinada porque este presente preferencias “convexas” que sean insaciables,

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