6/29/2011


Por: El Achiote
Colectivo Agrario Abya Yala – Universidad Nacional, Bogotá[1]
Amanece. ¡pa! ... ¡pa! … ¡pa!
Cantaban los pies del amante evocando el juego de tambores: la amada en bicicleta dejaba al recuerdo, el calor de una noche juntos;
“Dime princesa, en soledad, Pa´ dónde vas, que pérdida, ¿Ay qué te pasa?, dímelo, Abre tu corazón, como no; Quieres bailar conmigo, cariño, en el norte de Escocia lindo, como no, Sobre el sol de la noche clara, mi vida, Oye quieres bailar conmigo, cariño”

El fervor tropical de la ciudad, antes un valle fecundo con aves de todos los colores y las frutas del arcoíris, se fundía en el contoneo de estos nuevos amantes. Mientras la Salsa Céltica hacía vibrar la piel, los labios carnosos al éxtasis del deseo se juntaban. ELLA, una hija de la montaña de la sierra madre central, era una mujer canela, pelo negro liso, ojos quimbaya… campesina aguerrida detestaba la ciudad y sus grises, aunque disfrutaba las rutas clandestinas para el amor, la pasión, los sueños. ÉL un contador de historias, hijo y nieto de indios-campesinos pero migrante; un aprendiz de la vida, caminante al pueblo, a la ciudad a la metropoli; heredero, cómo ELLA, de quienes asumen la responsabilidad de construir una sociedad justa. Eran universitarios de la pública. El beso que los juntaba era cotidiano en aquellos compañeros y compañeras que se demostraban y se decían así mismos estar construyendo otros valores; el macho controlador y violento se subvertía con la apuesta de aquella mujeres jóvenes como ELLA que decidían sobre su sexualidad y sus pasiones y estos hombres subyugados a disfrutar de su amor. ELLA y EL, dos seres apasionados con el mutuo acompañamiento con hombres y mujeres que con dignidad defendían la posibilidad de trabajar la tierra, de hacer mundos posibles y seguir viviendo o encontrar por primera vez las ruralidades, de un Macondo fértil, sensual y palpitante. Eran tiempos de hambre donde se cosechaba “gasolina” y no alimentos.
Medio día. ¡pa! ... ¡pa! … ¡pa!
El agua de la piscina salpica al viento. ELLA toma el sol. ÉL la abraza y susurra: en la noche viajan a Londres.
Cuando ELLA era niña decía que iba a ser Médica. Luego de culminar la secundaria y viajar por el mundo, recorriendo Francia, Italia, el Reino Unido, Canadá, Japón, y los Estados Unidos, se apasionó por las finanzas y el comercio internacional. Hacía seis meses que lo había conocido en una gira de negocios de su padre por México. ÉL, 10 años mayor controlaba las empresas palmicultoras familiares en la Selva Lacandona al sur del país “Azteca”, y, atendiendo la zona libre de impuestos de Macondo, esperaba abrir un cultivo de 25 mil hectáreas en una zona selvática que le hacía causar risa y recordar a García Márquez y sus ocurrencias: Jiguamiando - Chocó. Hacia 8 años que en Macondo se apoyaba-subsidiaba la agroindustria a gran escala. “Hay que hacer negocios en estas tierras abandonadas”, predicaba el capataz y el patrón de Macondo. Aquella tarde EL y ELLA, ELLA y EL, disfrutaban de su tercer encuentro y aprovecharon para pactar la fecha de su boda. Eran buenos atletas y disfrutaban nadar en la tranquilidad del club en Miami. ELLA reía entre pensamientos, mientras el sol meridional bronceaba su hermoso cuerpo; ÉL disfrutaba de la hora semanal respirando oxígeno puro.
Anochece. ¡pa! ... ¡pa! … ¡pa!
Con un último suspiro caía herido de muerte el que fue a la escuela y no encontró futuro. La cuadra está de luto y ya se están peleando la nueva plaza. ELLA llora.
Hacía más de 300 años que sus padres y abuelos se “desplazaban” por Macondo. Eran negros. Hacia 12 años, después de haber colonizado tierras al sur, muy a al sur, y trabajar su nuevo hogar, la familia de ELLA y la familia de ÉL se reencontraron en los apuros de llegar completos a la ciudad; en su último destierro eran acusados de ¿apoyar a los rojos? o ¿de apoyar a los verdes? No estoy seguro. ELLA y ÉL, eran primos segundos y vagamente evocaban los ríos, las gallinas, el coco, los micos, los tucanes y los perros ladrando en las noches. No volvieron a salir de la ciudad de la caña, el tabaco y la brea, desde aquellos recuerdos. A sus cortos 16 años ya se habían juntado y en un mes esperaban a su primera hija. ELLA, disfrutaba mantener la pieza siempre bien ordenada: le alegraba que todo estuviera limpio y todos los días después de despachar el desayuno reordenaba, la muñeca, la bailarina de ballet de porcelana, el reloj despertador y el radio de la mesa de noche. Luego del almuerzo y de toda la labor del hogar, ELLA se sentaba a reír con las películas de Cantinflas o las telenovelas de la tarde. ÉL, era de los “Nenecos” y lideraba con el parche la plaza de la cuadra; sabía de la orden de estar truchas con “Los de Arriba”. Esa noche el Mercedes paro en la esquina para el pedido de costumbre: 60 pepas, 80 gramos y 120 baretos. ÉL entregó el encargo y 15 segundos después, sólo pudo escuchar el primer estruendo, los otros 4 tiros no. La sombra del carro oculto la moto. ELLA entristecida con la telenovela de la Radio Casa de Nariño - RCN, se asustó cuando su puerta sonó con desespero; era su madre envuelta en sollozos.



[1] Contacto: colectivoagrario@gmail.com Visita www.colectivoagrarioabyayala.blogspot.com

En contexto