11/19/2011


Sélingué, Mali, 17 de noviembre de 2011 - Más de 250 personas, principalmente representantes de organizaciones de campesinos de treinta países distintos, se han reunido hoy en Nyéléni, un centro de formación en agroecología construido en una zona rural cerca de Sélingué, en Mali, para participar en la primera Conferencia internacional de campesinos y campesinas para detener el acaparamiento de tierras. Nyéléni es un lugar simbólico, porque la primera conferencia internacional sobre soberanía alimentaria se celebró allí en 2007. Durante tres días, del 17 al 20 de noviembre, los participantes en la conferencia están intercambiando sus experiencias y creando alianzas para detener el acaparamiento global de tierras.
El acaparamiento de tierras está teniendo lugar en todas partes, haciendo que la lucha diaria por la supervivencia de comunidades rurales se vuelva cada día más difícil. Los derechos los campesinos y campesinas, así como de pastores trashumantes, pescadores artesanales y comunidades indígenas, están siendo violados constantemente y sus territorios están cada vez más militarizados. La producción de alimentos a pequeña escala está siendo sustituida por grandes plantaciones de monocultivo para la exportación y los productores locales se quedan sin tierra, sin trabajo y sin comida. Por eso las organizaciones de campesinos decidieron movilizarse en conjunto contra este problema y crear un espacio para intercambiar experiencias y encontrar soluciones comunes.
En la ceremonia de apertura, Ibrahima Coulibaly, presidente de la CNOP (Confederación Nacional de Organizaciones de Campesinos) de Mali, ha declarado: “La tierra pertenece a las comunidades locales y así ha sido durante generaciones. Ahora, los gobiernos están echando a los campesinos y campesinas de sus tierras. Es inaceptable. Es una denegación de derechos históricos, derechos que existen desde hace cientos de años, mientras que muchos estados solo existen desde la década de los sesenta. Esto demuestra hasta qué punto están los políticos alejados de la gente. La situación es muy grave, por eso estamos aquí. Tenemos la posibilidad, en estos tres días, de sentarnos juntos, llegar a un punto de entendimiento común y encontrar soluciones.”
Desde que la crisis financiera y alimentaria global estalló en 2008, gobiernos y empresas privadas han adquirido cada vez más zonas de tierra fértil en países extranjeros por todo el mundo. Más de sesenta países se han convertido en el objetivo de cientos de empresas privadas y docenas de gobiernos. Esta “fiebre de la tierra” internacional afecta al menos a treinta millones de hectáreas solamente en África.
Durante los debates iniciales, los participantes han compartido sus experiencias y han presentado una imagen poliédrica del acaparamiento de tierras. Por una parte, han coincidido en que el acaparamiento de tierras no es un fenómeno completamente nuevo, ya que muchos países la sufrieron durante el colonialismo y en algunos sitios todavía persisten sistemas legales de la época de las colonias. Por otra parte, han apuntado que el acaparamiento puede adoptar distintas formas. A veces la llevan a cabo estados y otras veces empresas transnacionales. Se hacen acaparamiento de tierra para producir alimentos para su exportación, para producir agrocombustibles, acaparamientos de tierra para minería u otros grandes proyectos de infraestructura, acaparamiento de tierras periurbanas, etc. Incluso a nivel local, los dirigentes y jefes de comunidad se apropian de tierras. También hay mecanismos dentro de las familias y comunidades que resultan en acaparamiento de tierras, como por ejemplo el hecho de que los hombres nieguen a las mujeres el acceso a la tierra, la extendida discriminación contra jóvenes campesinos y mujeres campesinas y las apropiaciones de tierras practicadas por élites locales.
En África, el 80% de la población lo conforman familias de agricultores a pequeña escala y aunque puede que sus medios de producción sean rudimentarios, ya que muchos de ellos ni siquiera son dueños de un arado, son capaces de alimentar a la mayoría de la gente. Como los acaparamientos de tierras expulsan a los pequeños agricultores y a los pastores trashumantes de sus tierras, socavan de manera directa la soberanía alimentaria.
“Cuando perdemos la tierra perdemos nuestra cultura, nuestras comunidades y nuestro conocimiento. La tierra lo es todo para nosotros,” ha declarado un campesino de Senegal. Otros campesinos y campesinas intercambiaron testimonios sobre luchas locales y expropiación de comunidades por África y por todo el mundo. “Se está criminalizando a los campesinos. A muchos de nosotros nos meten en la cárcel solo porque estamos intentando salvar nuestra tierra y nuestra forma de vida”, ha añadido un campesino de Indonesia. “Más de cincuenta compañeros y compañeras murieron el año pasado defendiendo sus tierras. A día de hoy, nuestros territorios están completamente militarizados”, ha dicho un campesino de Honduras refiriéndose a la lucha de las comunidades locales en Bajo Aguán.
Aquí en Mali, unas 800 000 hectáreas de tierra han sido arrendadas o estan en proceso de negociación para serlo. Un campesino de Kolongo, en la región de Ségou, donde dos inversores han acaparado la tierra de las gentes, ha explicado su experiencia: “Hemos vivido en nuestros pueblos durante cientos de años, pero nadie vino a informarnos sobre estos proyectos. Entonces un día apareció una máquina y empezó a excavar. Nos dieron un papel que no pudimos leer. Así que tuvimos que enseñárselo a alguien que pudiera decirnos lo que ponía. El papel decía que debíamos abandonar nuestra tierra y nuestras granjas. Entonces empezaron a construir un canal. Desenterraron un cementerio, nos robaron nuestra cosecha y arruinaron nuestra tierra. Organizamos un foro en Kolongo hace un año y todavía seguimos luchando por nuestros derechos, pero estamos sufriendo mucho.”
Una campesina de Níger, donde diferentes inversores extranjeros han estado acaparando tierras, se ha levantado y ha declarado: “Estamos encantados de estar aquí hoy. En nuestros pueblos tenemos problemas muy serios. Los proyectos se llevaron nuestras tierras, así que ya no podemos producir alimentos. Debido a la lucha, algunos de los nuestros están en la cárcel y yo misma he sufrido un aborto después de que me golpeasen. Hemos tenido incluso que mandar a nuestros hijos y hijas a otros sitios, porque no hay comida. Ahora no tenemos felicidad, pero estamos luchando por nuestro futuro y por las generaciones venideras. Hemos venido a esta conferencia porque esperamos luchar juntos.”
Comunidades de campesinos y campesinas y pastores trashumantes son expulsadas de sus tierras a diario. Al mismo tiempo, se desarrollan en todas partes nuevas soluciones y formas de resistencia para detener este acaparamiento masivo de tierras. En Senegal, organizaciones de campesinos, movimientos sociales, ONG y grupos pro-derechos humanos han organizado un comité de vigilancia y alerta para avisar a todos los agentes de la sociedad civil, a periodistas y a las personas encargadas de la toma de decisiones cada vez que un nuevo caso de acaparamiento de tierras amenaza con producirse.
Los participantes han coincidido en que esta lucha para detener el acaparamiento de tierras es también una lucha para detener la mercantilización de semillas, agua y conocimiento que se produce hoy en día y para apoyar a las familias de agricultores a pequeña escala. Paul Nicholson, uno de los dirigentes de La Via Campesina, ha declarado: “Algunos dicen que el acaparamiento de tierras está modernizando la agricultura y que es la única solución para reducir el hambre. Eso no es cierto, lo que necesitamos es soberanía alimentaria. Tenemos que luchar por nuestro modelo agroecológico y necesitamos políticas que apoyen a las familias de campesinos y campesinas en todas partes. Es urgente llevar a cabo una reforma agraria en todo el mundo.”
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