9/19/2012


Había una vez un pueblo llamado "Ojo de Venado", en el país de la Eterna Cascada. Ojo de Venado era muy hermoso. Estaba bordeado de verdes montañas, ricas tierras de cultivo y un inmenso mar azul. Aquello era un paraíso. En este pueblo cada quien tenía su finquita. Claro, no tenían luz eléctrica, ni calles asfaltadas, pero se transportaban a caballo y en bicicleta. La vida era apacible en Ojo de Venado.

Todo iba bien hasta que la Gran Organización Mundial Ambiental (GOMA), decretó que el País de la Eterna Cascada era uno de los últimos refugios mundiales, y que se convertiría en el "Gran Oasis para Salvar al Ser Humano (GOSSH). A partir de este momento, la comunidad Ojo de Venado empezó a notar cosas extrañas. Don Crisanto contó que había vendido su finca y que se iba a la cuidad. Ocurrió lo mismo con las hermanas Castro y la familia López. El pueblo estaba estremecido.

En las productivas fincas, empezaron a pasearse grandes tractores y maquinaria que retumbaba día y noche, y a surgir grandes edificaciones. De una semana a la otra llegó la Iluminación y el asfalto juntos. Los vecinos no podían creerlo, luego de haber luchado por tantos años el comité de vecinos sin ningún resultado. Eso era como caído del cielo.

Todo estaba cambiando. La cantina "El Zoncho" cambió de nombre: "Gavilan's bar". La Posada de Doña Petra, pasó a ser "Petra's resort". Construyeron un gran hotel, piscina y amplios salones adornados con artesanía típica. Todo esto era de gran atractivo para los Turistas. Luego vinieron otros cambios que pusieron en peligro a los vecinos de Ojo de Venado. Ocurrió lo que nunca esperaron: les empezó a faltar el agua; ya no podían ir de cacería para complementar su dieta: los animales se habían alejado de ojo de venado. Hasta el mar cambió a un color grisáceo turbio, lleno de lanchas y yates, lo que por supuesto, ahuyentó los peces.

Sin embargo, en la GOMA, todos eran felicitados y galardonados. Todo el mundo quería conocer el tal "GOSSH", para lo cual debían hacer reservaciones con seis meses de anticipación. ¿Cómo no disfrutar de un curativo y tibio clima de mar, de las abundantes cataratas de montaña, y de esa cultura tropical con hermosas mujeres y gente siempre alegre?

Los vecinos que quedaban decían: "ya estas tierras no son como antes". Muchos habían vendido, ya las jóvenes no querían trabajar en el campo ("si allí se ganaba muy poco... mejor ir a trabajar en el hotel, de cocineras y saloneras"). En el "Comité de Vecinos", donde habían luchado Don Anselmo, Doña Marta y muchos otros, era ahora una Asociación que ya ni se reunía. La gente ya no tenía por qué luchar, lo tenían todo: calles, luz, centro comercial, video shop, para qué más. Era muy difícil a través de la asociación. Más fácil a través de Don Alberth (el administrador del hotel) conseguir un favorcito. A él sí le hacían caso y te daba mucho dinero. La comunidad ya no se reunía para organizar las jornadas de "Tronche" donde todos iban a trabajar gustosos a la finca de algún vecino, para luego armar aquellas tardes de chistes, canciones y leyendas. Unos decían que eso eran "cosas de viejos" que ahora la vida moderna era distinta. Otros decían que todo esto no estaba bien, que una maldición había caído sobre "ojo de venado".

Fuente: Thalia Hernandez Amezcua  y www.itacanet.org/.../TALLER%20GENERO%20Y%20A

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