11/19/2012

Las Zonas de Reserva Campesina de Colombia: 
por la unidad del campesinado, la lucha por la reforma Agraria Integral, el derecho al territorio, la soberanía y la autonomía alimentaria, la vida y la paz con justicia social
“Las ZRC en los campos de Colombia pueden ser el primer paso en el largo camino del reconocimiento del campesinado como sujeto político promotor de la justicia social, la vigencia de los derechos humanos, el desarrollo rural y la paz”.ANZORC / Jueves 1ro de noviembre de 2012

Link a cartilla pedagógica:
Zonas de reserva campesina en Colombia

http://issuu.com/anzorc/docs/cartillazonasdereservacampesina

El siguiente, es el texto del discurso pronunciado por César Jerez, en representación de Anzorc, durante la audiencia pública "Las ZRC una iniciativa agraria de paz. Estado actual y perspectivas", realizada el pasado 1 de Noviembre en el Congreso de la República.
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Les hablo en nombre de 36 procesos organizativos, sociales, que en el país construyen ZRC. Somos más de un millón de colombianos y colombianas los que habitamos en unas seis millones de hectáreas dentro de las Zonas de Reserva Campesina constituidas y de hecho de Colombia. Las ZRC somos un proceso político y social acumulado en la lucha por la tierra.
Somos hijos e hijas resistentes del despojo, del desplazamiento forzado, de la violencia política, de la guerra. Las ZRC son hoy parte fundamental de un movimiento campesino que se reconstruye y se reconfigura en el contexto de un prolongado proceso de persecución política y de exterminio contra el campesinado colombiano.
Las ZRC son también un fiel indicador de que pese a todos los empeños para desalojar el campo y descampenizar al país, finalmente no lo lograron, resistimos, pervivimos, aquí estamos. Hoy podemos decir desde acá con tranquilidad y con mucha responsabilidad que el conflicto por la tierra en nuestro país está abierto, que es un conflicto todavía irresuelto, que es un conflicto estructural ubicado en la génesis de la guerra y que las ZRC pueden ser el comienzo de su solución. Si nos ponemos de acuerdo entre todos.
Las ZRC son el resultado de la lucha histórica del campesinado colombiano por el acceso y el derecho a la tierra y el territorio.
Es necesario recordar que las ZRC están consagradas en la ley 160 como figura de ordenamiento territorial con la finalidad contener la extensión de la frontera agrícola; para corregir los fenómenos de inequitativa concentración de la tierra, la fragmentación antieconómica de la propiedad, para crear las condiciones para la consolidación de la economía campesina; para regular la ocupación y aprovechamiento de las tierras baldías, dando preferencia en su adjudicación a los campesinos; para crear y constituir una propuesta integral de desarrollo rural, de ordenamiento territorial, de gestión pública y política; para facilitar la ejecución integral de las políticas de desarrollo rural, fortalecer los espacios de concertación social, política, ambiental y cultural entre el Estado y las comunidades rurales, garantizando la adecuada participación del campesinado en las instancias de planeación y decisión local-regional. Todo esto está en el papel que pueden llegar a jugar las ZRC.
El actual gobierno de Santos, finalmente, ha reconocido que Colombia ha vivido durante las últimas décadas un conflicto político, social y armado, prolongado e intenso, que ha afectado principalmente a la población rural, ocasionando entre muchas otras violaciones y vulneraciones, el asesinato de decenas de miles de campesinos y el desplazamiento forzado de millones de pobladores rurales y un cuantioso despojo de tierras a comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes, estimado en seis millones de hectáreas.
Partiendo de este reconocimiento y después de 8 años de oscurantismo en los que se considera que el país retrocedió 30 años en materia de desarrollo e institucionalidad rural, el gobierno se ha propuesto construir una política pública agraria y de tierras que eventualmente buscaría restituir las tierras despojadas, cerrar la frontera agrícola e introducir enfoques e iniciativas de desarrollo territorial y rural que superen la pobreza y la marginalidad social que caracterizan al mundo rural colombiano.
Sin embargo, llama la atención que las aparentes buenas intenciones del discurso institucional chocan con el modelo de desarrollo y las iniciativas centrales del gobierno, como lo son la concesión de los territorios para la explotación energética, petrolera, minera y la agroindustria a gran escala. Actividades que claramente configuran un escenario del campo sin campesinos y una depredación ambiental sin precedentes en la historia del país.
En este complejo marco, el gobierno ha decidido, en respuesta a la presión del campesinado organizado, reactivar e impulsar las Zonas de Reserva Campesina (ZRC). El anuncio gubernamental realizado durante el primer encuentro nacional de ZRC llevado a cabo en Barrancabermeja en Agosto de 2010, suscitó primero muchas inquietudes y después una gran expectativa. Empero, el proceso de reactivación de las ZRC y la constitución de nuevas ZRC se ha encontrado con múltiples obstáculos que es imprescindible superar, si se quiere, de manera compartida y concertada, realmente reactivar e implementar efectivamente las ZRC, como parte de la política publica de tierras del actual gobierno.
Los obstáculos son claramente los siguientes:
1. Se intenta a como de lugar relativizar el papel fundamental que juegan las Unidades Agrícolas Familiares en el establecimiento del límite de la propiedad y el freno al latifundio (La reglamentación de los artículos 61 y 62 del Plan Nacional de Desarrollo afortunadamente fue declarada inconstitucional,por la corte).
2. No se ha avanzado en la reglamentación de las ZRC, lo que impide que estas tengan un marco jurídico que garantice y consolide su reactivación e implementación. Se requiere de manera urgente una reglamentación que proteja a las ZRC de los intereses empresariales y que las ponga acorde con otras figuras de ordenamiento territorial y ambiental.
3. La formulación de la gubernamental Ley general agraria y de desarrollo rural no contó con la participación de las organizaciones campesinas. Esto indica que las ZRC no contarán en esta ley con el enfoque de ordenamiento ambiental, territorial y de desarrollo rural de las organizaciones sociales del campo.
4. La reactivación de las ZRC y su implementación en otras regiones del país se ha encontrado con la debilidad o la ausencia institucional, la lentitud burocrática y a veces la desidia de los funcionarios de la institucionalidad del sector.
5. En los Montes de María, el campesinado ha planteado una mayor socializacion de la figura de la ZRC y mayor autonomía en la toma de decisiones sobre las ZRC sin que hasta el momento se haya garantizado un real proceso de participación de los beneficiarios directos de las ZRC, quedando latente el riesgo de legalizar el despojo en los Montes de María.
6. En el Cauca es necesario incluir al campesinado y las negritudes en la construcción de las políticas de desarrollo rural, de tierras y territorio que lleven a la solución, de manera concertada y colectiva, de los conflictos interculturales originados por las políticas estatales de discriminación positiva, como lo es el denominado Plan Cauca o los eventuales acuerdos bilaterales entre gobierno y la dirigencia del CRIC, acuerdos que podrían desconocer al campesinado y a las negritudes como sujetos políticos de derechos territoriales.
7. En grandes extensiones de territorios campesinos en los que impulsamos la construcción de ZRC, los campesinos han sido despojados de sus tierras y se ha violado el límite de la propiedad de las ZRC, para instalar cultivos de palma aceitera, de agrocombustibles y ganadería extensiva, aumentando la ya dramática concentración de la tierra. Es indispensable la recuperación de estas tierras para los campesinos y la producción de alimentos.
8. Existe una sobreposición de figuras territoriales de ordenamiento territorial, ambiental, de desarrollo rural y empresarial que conflictúan la implementación de las ZRC. A este panorama se suma que la mayoría de los territorios de las ZRC han sido titulados ha empresas mineras para la prospección y el desarrollo de macroproyectos minero - energéticos.
9. No existe disponibilidad presupuestal para la ejecución de los Planes de Desarrollo Sostenible (PDS) de las ZRC, lo que genera incertidumbre frente al futuro de las ZRC y desconfianza frente a las propuestas gubernamentales.
10. No existe ninguna articulación interinstitucional que impulse las ZRC. Las instituciones y las administraciones nacionales, departamentales y municipales están de espaldas a las ZRC y en muchas ocasiones promueven el estigma sobre las ZRC. El gobierno no ha desarrollado acciones de promoción favorable de las ZRC ni ninguna acción contra la estigmatización a la que permanentemente son sometidas las ZRC.
11. Perdura un doble discurso institucional frente a las ZRC. De un lado el discurso oficial público, mediático de algunos funcionarios que reconocen y eventualmente impulsan las ZRC. De otro lado, avanza el discurso perverso que antepone la seguridad y la consolidación militar al desarrollo de las ZRC. Altos funcionarios y asesores desarrollan una campaña taimada contra las ZRC, promueven el estigma contra las ZRC y sus organizaciones, proponen poner a las ZRC como moneda de cambio a la guerrilla en una eventual negociación del conflicto armado o destinar las ZRC a jugar un papel de campos de confinamiento de guerrilleros desmovilizados, otros afirman que el desarrollo de las ZRC oxigenaría a la guerrilla de las FARC y la impulsaría en un nuevo ciclo de la guerra. Desde acá queremos hacer un llamado de atención al señor ministro de defensa, a la cúpula militar, a los funcionarios de consolidación territorial, basta ya de señalar y estigmatizar, basta de perseguir, basta de intoxicar, basta ya de presionar, intimidar y condicionar para que los funcionarios del sector agropecuario no cumplan con sus funciones misionales, con ustedes hablaremos de derechos humanos y de las normas de la guerra, del DIH, ustedes no serán deliberantes con nosotros sobre el desarrollo rural o el futuro de las ZRC. Ese no es su papel.
Estamos ad portas de iniciar la segunda fase de un proceso de paz en la ciudad de La Habana, las partes han acordado abordar en primera instancia el crucial tema del desarrollo agrario integral, haciendo referencia directa en uno de los literales de la agenda a las ZRC.
Entendemos claramente el enorme desafío que para el gobierno y la guerrilla de las FARC implica abordar este punto desde posturas y enfoques tan distintos y distantes. Se sientan a conversar dos modelos, dos propuestas antagónicas de país. Pero no perdemos la esperanza, estamos, seguimos convencidos de que el diálogo es la ruta.
Un tema tan trascendental para el futuro del país, como lo es el desarrollo rural, tan determinante para el logro de la paz o para la continuidad de la guerra. Un tema de tal magnitud no puede discutirse sin sus protagonistas, las campesinas, los campesinos, sin las organizaciones campesinas en la mesa. Así como hace dos años una de las organizaciones de ANZORC, la ACVC, al merecer el Premio Nacional de Paz, les solicitó sentarse en una mesa a hablar, así cómo hace un año 30 mil campesinos, indígenas y afro-descendientes, convocados también por la ACVC, reunidos en el encuentro nacional por la tierra y la paz de Barrancabermeja, les exigieron iniciar un proceso de paz, así mismo hoy les reclamamos nuestra presencia en la mesa de conversaciones. Estamos convencidos que nuestras propuestas de modelo de desarrollo incluyente, de desarrollo rural con enfoque territorial, de un programa nacional de zonas de reserva campesina que garantice su efectiva reactivación, de ordenamiento territorial y de paz, serán fundamentales para la discusión de la problemática que nos convoca y de sus soluciones. Reclamamos ser parte del diálogo fundamental que nos acerque a la convivencia, a la reconciliación, ser parte de la ruta nos saque de la guerra.
Nuestro aporte programático es sencillo y será fácilmente entendido por la sociedad colombiana. Las ZRC son capaces de garantizar el acceso a los alimentos de las poblaciones urbanas, de proteger el medio ambiente, de mejorar el ordenamiento territorial del país y de prevenir el desplazamiento forzado en condiciones de conflicto armado. Estamos seguros de que las ZRC en los campos de Colombia pueden ser el primer paso en el largo camino del reconocimiento del campesinado, como sujeto político promotor de la justicia social, la vigencia plena de los derechos humanos, el desarrollo rural y la paz. Muchas gracias.

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