5/17/2013

Silvio: Leyenda de los dos Amantes
Por: El Achiote
Colectivo Agrario Abya Yala

Sus pasos alejaban, en esta nueva despedida, a los dos amantes. EL descubría lo que acababa de pasar con júbilo y consciente de hacer más fuertes sus creencias. Con la intención de las estrellas fugaces se gesto el encuentro de aquella tarde lluviosa. De pies en una esquina de la ciudad, donde las calles tienen nombres, y los grupos de calles contienen largas historias y leyendas,  veía como ELLA se alejaba dejando huella en su caminar, dejando huella para quedarse en EL. La ciudad, en sus símbolos mostraba tiempos de jerarquías y de repudio y resistencias.

Se dejaban ver en las grandes casas leones  y gárgolas talladas en piedra, iglesias monumentales que se adecuaron a los días y Dioses de los pobladores milenarios de estos valles, paseos a carruaje,  en los días de los caballos y los perros que botan humo y humoristas callejeros que deleitaba con sonrisas a los igualmente callejeros ambulantes,  del Centro de Guadalajara (México). Era la ciudad con “Puertas de Hierro”, donde los niños ya no pueden serlo y las cadenas de desesperanza, que azotan a los pueblos de las periferias, los hacen ser guerreros de la calle y contestatarios asiduos.

Guadalajara, una ciudad virreinal que contuvo la llamada Nueva Galicia, como en el pasado colonial, ahora en el siglo XXI albergaba la escoria dominante Jalisciense, que aglutinaba  los medios de comunicación, el poder de la política y las familias de unos de los grandes inversionistas del territorio mexicano, los Narcos. Las grandes maquiladoras azotaban la producción agrícola y controlan a millones de migrantes y desposeídos que entraban en los juegos macabros de salarización y de perdida de autonomías. Otra gran ciudad Latinoamérica que en continuo movimiento va generando un ambiente individualista, desconfiado y egoísta, en muchos casos, pero llenos de resistencias, organización, amor, lujuria, y clandestinidad, en muchos otros     

El nombre de ELLA, aquel que EL pronuncia con el cariño de la tierra a sus aves,  simbolizaba su galante belleza. Aquella mujer,  la elegida por lxs  Diosxs, para hacerlos entrar en juegos gozosos de alucinaciones afectuosas, gestó  la excusa de sus encuentros. ELLA conocía de su presencia, tiempos pasados a sus besos. Las voces de las hormigas llegaron a sus oídos y dejaron una espina de duda ante aquel nuevo visitante. Eran tiempos de cambios. ELLA estaba segura de participar en la leyenda de hacer que los niñ@s sean niñ@s por siempre. Sus ojos recogían experiencias y aportes en esos campos. ELLA con sus grandes luchas internas, desafiando las barreras de arena que la separaban de los olores de su arcoíris lo escuchaba hablar, mientras EL se encontraba con sus nuevos aliados.

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Guadalajara, al ser una ciudad construida sobre los cimientos de la modernidad europea, contemplaba como los “centros de conocimiento” nos atropellaban con el ejercicio del poder. Llegue a la licenciatura de economía de la Universidad de Guadalajara en el 2003. Sabiendo ser astuta, perspicaz y aprovechando mis corazonadas buscaría caminar ideas con los universitarios. Terminando mis estudios de licenciatura en el 2008, de improvisto me vi acompañando una historia como muchas de esas que corren y vuelan en nuestros días, pero que no se cuentan. ELLA y EL con su vibrante mirar atropellaron mis sentidos desde el día que me di cuenta de sus arriesgadas pasiones.

Desde pequeña mi abuela, mujer preciosa de grandes voluntades y aciertos, de aquellas mujeres con esa comunalidad con la naturaleza que hacia que solo de escucharla hacía que creyera las historias de cómo sus abuelos y abuelas se convertían en aves y peces para entender como vivir en el aire y respirar con el agua. Ella, mi abuela Rita me había dicho que yo tenia la capacidad de reconocer las miradas de los amantes, de leer en sus ojos y de suspirar con sus anhelos, de entender sus pensamientos y expiarlos en el momento que el llamado de sus encuentros tocara a mi alma. Aunque le creía, no había devorado sus palabras antes de encontrarme con la historia de “los amantes de colores”

Y es que cuando se veían, mi piel se maravillaban ante los flujos de luz que recorrían sus sonrisas, sus cantos y sus invitaciones a encontrase, a reencontrase.  Como me di cuenta, tiempo después, los amantes de colores ya estaban juntos, solo que habían de recorrer, traspasar y destruir las barreras del tiempo y del espacio que estaban de moda en nuestros tiempos modernos. Estos dos, estaban inscritos a perderse desde siempre y a hasta siempre.
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En una ciudad polarizada, mezclada por el accionar aberrante de los grandes grupos de ejercicio de poder y las luchas de los pueblos jaliscienses, las ideas políticas iban y venían. Se  formaban alianzas y se recurría a acciones constantemente. En México, los cambios institucionales recientes, los levantamientos indígenas, las crisis generadas por los históricos malos gobiernos y la tensa situación de la mundialización del estomago, revertían los grandes aciertos de la Revolución: orgulloso amparo donde muchos mexican@s guardaban recuerdos de tiempos heroicos, y muchos otr@s dolían los vicios que la jerarquización de estas luchas revolucionarias.

EL sonreía y hacia sonreír con ironía, chiste, audacia y presión a sus compañer@s. Con ell@s  quería construir aires nuevos contra los armazones que no permitían que las ideas  que fluían como el agua del  pico de Orizaba en Veracruz,  que atraviesa  manantiales nocturnos de vida silvestre,  y llegan al gran mar de las playas eróticas de Mazunte, Oaxaca, se convirtieran en acciones. ELLA estaba ahí aquella tarde. Escuchando y mirando sus palabras. Se sorprendió ante la invitación a uno de esos lugares que el recién llegado quiere conocer y el residente muchas veces ignora. Así que con la discusión fue saliendo la idea de buscar sorprender el espíritu con la inmensidad que brotaba de “La Barranca”.

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Los pueblos mexicanos se convertían en autocríticos certeros y entendían, como se entiende cuando se esta viviendo una situación adversa, que eran los tiempos señalados por los santos y los brujos para encontrar caminos de acompañamiento con la madre tierra. Eran los tiempos que lograrían sacar el potencial creador de sus mujeres y sus hombres. Ese cambio lograría que sus niñas y sus niños caminaran de nuevo acompañados en la noche por el respiro de los murciélagos y en el día por el cantar del zancudo. Por eso decidí buscar estudiantes universitarios que con ganas de cambiar sus realidades y limpios de muchos vicios que no tocan a l@s jóvenes y ofrecerles mi experiencia, mis amistades y mis ganas de construir conjuntamente otra universidad.

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La Barranca era como una fotografía hecha vida. Así lo sintieron los calidos corazones de quienes estábamos ahí. En lo profundo se percibía la lucha de la hermana naturaleza por reencontrarse con los hombres y mujeres. Extasiada pero con mucho dolor, contemplaba la miseria a la que habíamos dejado convertir al suave rio que acompañaba los bordes melancólicos de La Barranca. El rio llevaba muerte en su canto y sus aguas antes flujos de amor a la siembra y de alimento de muchos, era ahora un cumulo de desasosiego con el entorno natural. Con desilusión y repudio y con la fuerte convicción de no dejar que estos genocidios naturales siguieran ocurriendo senté las bases de responsabilidad con la pacha mama.
 
En la barranca solo veía como ELLA encontraba en el horizonte reflejos de muchas victorias por luchar, de muchas derrotas por ganar y de muchos sueños por dejar ser sueños y no preguntarse si existían o no. ELLA, una mujer profundadamente sensual, de esas mujeres que cuando una la ve siente su presencia y su disposición al amor, se veía tranquila disfrutando de la profundidad y cercanía de estas montañas y gozando domo de las tasas de café,  de la buena compañía. ELLA se deleitaba al máximo con  sus amigas y amigos y los momentos en que los grandes astros y las pequeñas arañas con su gran sabiduría les regalaban, los encontraban y los saludaban. EL quería volar. En aquel momento deseaba salir corriendo hacia la inmensidad de La Barranca y creer como parte de su corazón cree que su cuerpo seria ave, y volar seria natural, así como naturalmente caminaba.

Lo intenso vino después.

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10 anos atrás mientras mi vida giraba en los embates de una hija de dos años, en los colores de la sierra del Estado de Guerrero, con un compañero ausente, dado la vida del insurgente, y con el corazón puesto hacha confrontando mi realidad de madre e informadora, sacudí mi espíritu ante esa espantosa noche. Había recibido noticia que los grupos militares estaban en mi búsqueda. Sin embrago dada mi natural contextura indígena, aquella que me caracterizaba en los años de preparatoria en el Distrito Federal,  estaba protegida entre las miles mujeres caminantes que con sus hijos e hijas van recorriendo la sierra. La represión contra mi escuadra era alta y del mensaje que llevaba mi vos no solo dependía la vida de mis compañeros, hermanas y hermanos, sino de Joaquin, el padre de mi hija, mi amado, este hermoso hombre que estaba apostando la vida por proteger a sus pueblos y de entregarla si era necesario ante el ideal de su lucha.

Nunca pensé, el alcance de su inteligencia y el dolor de su miserable accionar. Camino a la tienda de doña María, donde debía informar sobre la acción militar agresiva y cobarde que se estaba gestando, recorría  ese estrecho camino de herradura, cuando escuche un grito. Hacia mi caminaba un hombre blanco, pero de tez teñida por el sol, alto, de uniforme militar y de vos de mando.

- Rigoberta, esta rodeada. Dijo

En ese momento con mi hija en la espalda, sentí por primera ves en los años de lucha flacidez en mi vos. El nombre secreto en la escuadra, ese que es doblemente secreto salía de la vos de aquel asesino al que reconocí luego de una segunda inspección. Era el capitán Naranjo. Años atrás mis padres indígenas y campesinos sucumbieron ante las balas de gracia de ese asesino en la entrada a nuestra pequeña casa en el Palmar. Eran los terrenos en los que el gran “propietario”, el de  nuestras tierras como contaba mi abuela, luego del despojo que asesinó a decenas de campesinos, entre ellos mi abuelo,  nos dejaba vivir a costa del alimento necesario para seguir reproduciendo el trabajo de su hacienda.

El dolor de sus primeras ordenes como capitán ante el grupo especial contraguerrillero Águila Blanca toco a inocentes, fue traicionera y denigrante y nunca saldada por la justicia. El mismo Naranjo llego ante mi presencia. Petrificada de las caderas para abajo, invoque mi lengua materna para contestar aturdida ante un nombre que no era el mío. El me miro me tomo del brazo, de nada importo mi forcejeo, y los gritos llorones de mi hija. Me condujo con uno de sus soldados y me encerraron en un camión donde aguardaban 15 soldados más.

Con dolor supe por la radio, del campamento militar, del júbilo de Naranjo ante la masacre de mis compañeros de escuadra. Mis hermanas y hermanos fueron asesinados de una manera sangrienta, desproporcionada y cobarde. 60 efectivos de las Águilas Blancas masacraron con ayuda aérea y armamento militarmente extremo a 15 campesinos hombres y mujeres. Luego supe que se estaban gestando pruebas militares con napalm ordenadas por los gobiernos del norte con nosotros.

Al parecer Joaquín estaba herido pero logro escapar con otros dos compañeros. Esas eran las primeras noticias. Luego del grito glorioso de Naranjo, sonó uno segundo celebrando la muerte de Joaquín. Mi corazón lloraba mientras mi cara daba cariño al hambre de mi hija. Pensé en ahogarla, pero mis creencias ancestrales castigarían mi decisión con látigos celestes a los que no podría nunca escapar. Naranjo regresó a la media noche. Vi a lo lejos el botín de la masacre, cuerpos desmembrados ahumando.

El olor a muerte invadió el campamento. Naranjo llego de nuevo ante mi, golpeo mi cara brutalmente. Mi niña estallo en llanto. La sangre broto de mis entrañas y las dolorosas lágrimas que son mas dolorosas porque parecen de vencida, asomaban a mi rostro húmedo por el sudor frio que acompañaba el llanto de mi hija. No les dije Nada. Cansados de golpearme, de cercenar mis partes sagradas y de violentar a mi hija haciéndola ver mi maltrato, Naranjo sacó su arma corta y sonó el tiro de gracia. Con la poca visión que aun ostentaba vi caer a mi niña.

15 días después cuando pude volver a caminar sola, uno de los militares me llevo en camión y me dejo en la entrada de Acapulco. Luego de dos años de lutorio vagar en el exilio y conciente de mis anhelos y mis limites decidí buscar calma a mi corazón avanzando con los pasos de los jóvenes de mi Sierra Guerrera.

De esta forma intentaba dar relato de la vida de “Rigoberta”,  aquella gran mujer que hoy debe estar entre los jóvenes aguerridos de cualquier sierra mexicana, buscando acompañar y sanar los dolores de tantas guerras en mi país. Era columnista de una revista semanal que se distribuía por el Estado de Jalisco. Con una información diferente y con la convicción de hacer más grande las redes de trabajo anhelaba con suerte encontrar entre los estudiantes de la Universidad de Guadalajara un buen grupo comprometido por hacer investigación dentro de sus comunidades y de dejarse sensibilizar por las necesidades de sus pueblos.  Por tal razón a mis 35 años me adentre de nuevo en la “Academia”

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Después de La Barranca, decidieron tomarse unas cervezas. Buscaron en varias calles y al final ante la insistencia de EL, giraron por rumbos del autobús que lo conduciría al Distrito Federal. Se quedaron en una pequeña tienda adornada con colores de neón azul,  que podían cambiar a rojos. Yo estaba en ese bar hacía unas horas con mis amigas cantando al son de la música ranchera. Con el paso de las primeras chelas y del concurrir de la noche, de pronto empecé a sentir como una lluvia de colores rozaba mi piel. Intentaba concentrarme en las conversaciones de mis compañeras. El reflejo de luz que erizaba mi pensamiento me absorbió.  Entonces me conecte con ellos, estaban en la mesa de mi lado. De su mirada y de sus bocas salían palabras de azul invierno, de rojo otoño, de verde luna, de blanca noche, se entrelazaban y llegaban a mis oídos cientos de más colores. Llegaban a mí y me llamaban a sentirlas. Un poco inquieta por la nueva situación intente interrumpirlos, pero fue EL quien al final de una poesía, interrumpió la noche y salio de aquel pequeño bar.

ELLA, naturalmente daba la impresión de ser serena. Era su mejor estrategia, se decía asímisma entre sonrisas. EL lo sabía, era una de las cosas que le encantaba. Una tarde ELLA invito a sus amig@s a unas chelas. Sin pensarlo tanto,  los amig@s aceptaron. Las botellas rodaron. EL no lo sabía pero al rato se encontrarían. Yo estaba en mi casa escribiendo unas líneas cuando sentí el llamado de los amantes de colores. Tal como lo dijo mi abuela estos dos me invitaban a ser espía y cómplice. Rápidamente pude ver por sus ojos y recrear sus latidos rápidos cada ves que con su coqueteo y ligero humor se invitaban al amor. De las ganas de verse y gozar con sus historias pasaron a la danza. Sus cuerpos se encontraban, de nuevo, y jugaban locamente a sentir piel a piel sus aromas, sus pechos, a entrelazar sus piernas y hacer sentir sus manos en el cuerpo del otro. Cada nueva canción era un nuevo encuentro y los corazones locos estaban revoloteando.

Era tarde había que ir a sus casas. Sus amigos se habían despedido hacia rato. Sólo estaba uno con ellos. En un momento de complicidad. Se fue. Quedaron solos. EL buscaba que las palabras que no pueden nunca expresar todo lo que sentimos jugaran entre los oídos de ELLA, quien sentía con gustosa calidez su sinceridad. Sus amores pasados estaban ahí. Sus amores presentes eran EL y eran ELLA. No había buses. No había como despedirse. Solo estaba la luna compañera. Él la tomo en sus brazos y fuertemente la contuvo hacia su cuerpo. ELLA respondió de inmediato y sus labios por primera vez en mucho tiempo sentían sus cálidos libidos, sus ricos olores y sus vibrantes pasiones. Ya no se querían ir. Sus cuerpos sentían que debían estar uno con el otro. Ella tomo un taxi y se fue.

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En mis años de trabajo de periodista, fui testiga como lo que nos faltaban eran manos comprometidas para ir sacudiendo soluciones. Definitivamente la mentada Democracia Representativa no era mas que la mentira embustera que nos hacia luchar, nos hacia morir y nos hacia perder constantemente. El poder no se toma, se ejerce. Así que empezamos a ejercer poder y autodeterminación. Me di a la tarea de encontrar a los jóvenes descontentos en las universidades y llevarlos a recorrer sus tierras. Muchos se escandalizaban al hablar con prostitutas, con los explotados laborales, con los sin techo de la ciudad. La universidad se convertía en su mejor cárcel. En la universidad los problemas imaginarios los invadían y mientras tanto sus calles seguían llenándose de problemas. Teníamos que hacerles sentir su responsabilidad.

Empezamos a apoyar los procesos de organización autónoma de los campesinos de Hostotipaquillo  Jalisco. EL quiso trabajar con nosotr@s. De lo profundo de la Sierra Madre Occidental  vimos como se gestaban ideas revolucionarias para enfrentar las crisis que la globalización neoliberal fomenta. Necesitábamos reconocer como estos pueblos estaban en lucha desde hace más de 500 años. Apoyaríamos sus luchas, aprenderíamos a luchar con ellos y con nuestras herramientas de “universitarios” encontraríamos como hacer alianzas para construir autodeterminación. EL estaba seguro de que podía apoyar un poco ese proceso. Luego de la salida a vacaciones decidió trabajar un mes con nosotr@s. Emprendería un viaje de retorno a las tierras que alumbraron sus primeros pasos.

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Después de este primer mes, supe en una tarde lluviosa de su regreso. Yo lo hacia lejos. Por el sur del país del “Ombligo de la Luna”. Sin embargo regresó. Y regreso por ELLA. Por sus encuentros. Por sus amores. Lentamente habían encontrado desde las distancias que los separaban la forma de hacer sentir a sus cuerpos la presencia del otro. La entrada de sus voces en sus seres activaba la lujuria de sus posibles encuentros. Habían logrado dejar de lado el tiempo. No importaba la hora, podían reírse, escucharse. Hacer que en la distancia su piel vibrara ante la esencia de sus caras. Lentamente encendieron sus instintos. Así que superando miedos entendieron sus formas de amar. Aquella tarde en los tumultuosos parques del centro de Guadalajara decidieron verse. En sus primeros besos planeaban con agitación como se despedirían, como unirían sus emociones por fuera de cualquier frontera.

Lo de aquella tarde sensibilizo sus espíritus. Pude ver solo lo que ellos me permitieron. En sus voces y sus recuerdos encontraran lo que significo estar juntos de nuevo. Y seguirán estándolo, sus promesas de verse serán una constante de sus vidas y quizá mas allá. Aun recuerdo como mi abuela me contaba del sin tempo y sin espacio donde el  “mas allá” es presente. ELLA y EL eran cómplices, eran contestatarios a las ideologías que no hacen vigente el amor y que lo quieren pasar de moda. Sus cuerpos fueron uno. Sus pasiones fueron uno, sus colores fluyeron juntos.

Se que EL desde sus caminos evoca su bienestar, su cariño y su voluntad al amor. El fuego de su risa sonríe con ELLA. Entrelaza sus pasiones. Recorre su cuerpo con el recuerdo.  Se que ELLA envía energías celestes que con los astros se convierten en mensajes que acompañan de cuando en cuando sus noches, su memoria, sus encuentros, los encuentros a darse. Se ya muy poco de ellos. Ya ellos están en otra historia

En contexto