2/15/2014

Por Alirio Uribe, Vamos por los Derechos



El pasado 3 de febrero se conmemoraron 85 años del natalicio de Camilo Torres Restrepo, el cura rebelde. Han transcurrido también casi 50 años del nacimiento y muerte de su principal gesta política, el Frente Unido (FU), y las lecciones que dejó esta experiencia son imprescindibles para una correcta comprensión de nuestro momento actual, que permita a la vez recoger los legados históricos de hombres y mujeres igualmente comprometidos con los cambios sociales, pero que también nos prevenga de no incurrir en los mismos errores. 


El contexto social y político en que se desenvolvió Camilo Torres, como personaje y como movimiento, tiene muchos puntos de conexión con la presente coyuntura. Recordemos que el FU nace como respuesta al Frente Nacional que imposibilitó la participación pluripartidista en la contienda política, estableciendo una “democradura” que repartió el poder burocrático del Estado entre el partido Liberal y el Conservador en medio de un estado de sitio permanente.

El Frente Nacional terminó formalmente en 1978 y el nuevo pacto social establecido en la Constitución Política de 1991 garantizó el derecho de fundar, organizar y desarrollar partidos y movimientos políticos (Art. 107 CP). Sin embargo, una serie de reformas han limitado la participación democrática, especialmente de los grupos minoritarios generalmente identificados con los grupos de oposición, en razón, precisamente, al monopolio que durante decenas de años tuvieron los sectores tradicionales sobre el aparato burocrático.

Reformas constitucionales efectuadas en 2003 y 2009[1] establecieron un umbral[2] correspondiente al 3% de los votos emitidos válidamente en el territorio nacional para las elecciones de Cámara de Representantes y Senado (Art. 108 CP). El umbral, que en dicha magnitud será aplicado por primera vez en las próximas elecciones legislativas del 9 de marzo, obligará a los partidos a obtener un mínimo de 450.000 votos para no desaparecer.

Ésta situación ha puesto una barrera enorme para la democracia y ha obligado a partidos como la Unión Patriótica a no presentar candidatos/as al Senado ante el temor fundado de perder la personería jurídica que recientemente le había sido devuelta como forma de reparación del genocidio cometido en su contra. Produjo igualmente la precipitada realización de alianzas inestables como la del Progresismo, el Partido Verde y otros movimientos pequeños en la Alianza Verde, e incluso puede poner en riesgo nuestra participación desde el POLO. Nuevas expresiones políticas como el Partido del Tomate tampoco podrán participar de los comicios, éstos últimos debido a las exigencias de dinero que son requeridas como póliza de “seriedad” para participar a través de firmas ciudadanas. Tales límites legales y constitucionales a la participación democrática hacen necesaria una reforma política.

El Estado de sitio como forma de gobierno también acabó, pero continúa el ejercicio inclemente de violencia en contra de los movimientos y partidos de oposición, y de criminalización de la protesta. En los últimos días fueron emitidas crudas amenazas por parte de las estructuras paramilitares que siguen vigentes en el país, una primera[3] dirigida a los integrantes de la Marcha Patriótica y la Unión Patriótica, poniendo precio a las cabezas de sus líderes y lideresas, y otra[4] en la que se nos amenaza de muerte a los integrantes del Movimiento Vamos por los Derechos, Iván Cepeda y Alirio Uribe, a las organizaciones con las que hemos desempeñado nuestra labor de defensa de derechos humanos (MOVICE y CAJAR), junto a los dirigentes Aída Avella y Gustavo Petro. El mensaje común de los sufragios es una especie de castigo por la actividad política que hemos iniciado de cara al 9 de marzo.

A principios de semana, medios de comunicación denunciaron la inteligencia ilegal (otro de los mecanismos de persecución política que pese al escándalo del DAS nunca se ha desmantelado) que estarían realizando efectivos del Ejército Nacional, aparentemente a espaldas del gobierno central y estrechamente vinculado a la figura de Álvaro Uribe Vélez, en contra de los miembros de la comisión negociadora en la Habana y en contra de movimientos de oposición, señalando los nombres de Piedad Córdoba e Iván Cepeda[5]. Éstos hechos demuestran que la doctrina de seguridad nacional sigue siendo un pilar fundamental dentro de las fuerzas militares y los organismos de inteligencia, estigmatizando a opositores políticos, dirigentes sociales, periodistas, y defensores de DDHH como “enemigos” del Estado. Lo más preocupante es saber que históricamente la inteligencia ilegal ha sido el preludio de la guerra sucia en Colombia.

Y si los contextos sociales y políticos de la década de los 60s y la presente coyuntura poseen elementos estructurales similares, no son menos los puntos de conexión entre la situación social, cultural y económica de los dos momentos históricos. Dicha conexión se ve reflejada en la identidad entre varios de los puntos formulados en la Plataforma del Frente Unido del Pueblo Colombiano[6] y las banderas de las plataformas políticas de las distintas expresiones de la izquierda colombiana, es especial, con los Compromisos por la Paz y la Democracia[7] que junto a Iván firmamos como parte del Movimiento Vamos por los Derechos.

El FU proponía, hace medio siglo, la Reforma Agraria sobre la consigna de la tierra para el que la trabaja. Esa Reforma Agraria nunca se hizo realidad, por eso nosotros y nosotras nos comprometemos hoy a construirla (Compromiso N°4). De igual manera, la reforma urbana propuesta se ve reflejada en nuestro compromiso por la vivienda digna (N° 10), y la propuesta de Planeación del FU tiene plena identidad con el objetivo fijado desde el POLO hacia la industrialización del país y la sustitución de importaciones. Ambas propuestas comparten la sustitución del servicio militar obligatorio por el servicio social o “cívico”, así como la disminución del presupuesto para la guerra. La que en su momento fue una propuesta vanguardista frente a los derechos de la mujer, hoy se ve complementada con los derechos de la comunidad LGTBI y la diversidad sexual (N° 8).

Sin embargo, más allá de los puntos programáticos retomados, que son banderas casi obligadas de los movimientos y organizaciones políticas de izquierda en los últimos 50 años, resaltaría como principal punto de encuentro entre nuestra plataforma política y la del FU, la vocación de poder. Camilo Torres propugnaba que el Frente Unido tenía como principal objetivo la organización de un aparato político de carácter pluralista capaz de tomar el poder[8]. Desde Vamos por los derechos estamos convencidos de que este momento histórico, el momento de las movilizaciones masivas en el país por la reivindicación de derechos y la soberanía popular, el momento de la MANE y la Cumbre Agraria, nos permite pasar de la resistencia a la que nos relegó la violencia militar y paramilitar, a la acción propositiva orientada al beneficio de las mayorías. Las decisiones necesarias para cumplir a cabalidad nuestros compromisos, como lo decía su proclama, “deberán partir de los que tengan el poder”[9], por eso hay que fijarnos como meta llegar a él.

Existen además, tres elementos fundamentales que es necesario retomar del pensamiento de Camilo Torres para pensarse la construcción del Frente Amplio por la Paz y la Democracia. En primer lugar, hoy decimos, como él, que “[no queremos] formar un partido político, [lo que queremos] formar es un Frente Unido de todos los grupos de oposición”[10]. Actualmente ya existen suficientes estructuras a través de las cuales el movimiento social y popular se organiza. Nuestra pretensión no es crear una nueva, sino llamar a su fortalecimiento y a la unidad en un Frente Amplio.

En segundo lugar, reiteramos su convocatoria a un Frente Amplio que no se haga “a favor de una persona”, en razón a que “no podemos confiarle a un hombre la obra de un pueblo y el pueblo colombiano tendrá la responsabilidad de la revolución en el momento en que logre liberarse del caudillismo, del personalismo (…)”[11]. Nos declaramos como servidores del pueblo con la aspiración de fungir como tales de llegar al Congreso, no nos proclamamos como líderes o caudillos del Frente que se haya de constituir, sino como simples facilitadores. Camilo recordaba que “La unión debe hacerse por encima de las ambiciones personales”[12].

En tercer lugar, consideramos imprescindible hacer todos los esfuerzos necesarios para vincular a los “No alineados” a esta apuesta conjunta por la Paz y la Democracia. Camilo Torres definía a los “No alineados” como aquellos inconformes con el sistema vigente, que rechazan los partidos políticos tradicionales, pero que a su vez no están organizados en ningún movimiento o partido, constituyendo la mayoría de la sociedad. Poder dialogar, en su lenguaje, con este sector que constituye mayoría social es requisito para lograr la mayoría política.

La experiencia del FU constituye un legado invaluable, no único, para la construcción de la unidad del campo popular: “Necesitamos la unión por encima de los grupos”. En su momento, logró convocar a “católicos y no católicos”, a organizaciones de izquierda como el Partido Comunista, el MOEC, el PRS, entre otros, pero también movimientos pertenecientes a sectores tradicionales como el MRL, la ANAPO y la Democracia Cristiana. Sin embargo, la fugacidad de tal unión no permitió que pasara de lo nominal a lo programático.

Una debilidad manifiesta del programa del FU fue no realizar un programa de acción sino de gobierno. La unidad, que debe ser pluralista y programática, debe erigirse sobre la acción sobre unos mínimos democráticos. Ese programa de acción conjunta está aún pendiente de construir y tenemos avanzar en él en espacios de articulación como la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular, a celebrarse en el mes de marzo del presente año. El 14 de octubre de 1965, el periódico del Frente Unido sentenciaba [es] necesario plantear una unión alrededor de objetivos concretos que unificaran a todos los colombianos sin distinción de credos religiosos, afiliación política, grupo o caudillo[13].

Para finalizar quiero resaltar dos cosas en las que difieren los contextos descritos al inicio de este ensayo. El primero, que hoy el sector dominante se encuentra claramente fragmentado en lo político, lo que le otorga una posibilidad inigualable a la izquierda para ser poder. El segundo, que precisamente hace 50 años se desató la última etapa de violencia política en Colombia y que, por tanto, nuestra principal bandera es la solución política del conflicto armado y la construcción de la paz con justicia social. Así, la paz y las acciones que podamos realizar en procura de ella deberán constituirse en el eje fundamental, en punto común, de la unidad de los sectores de oposición.

Les invitamos a reflexionar sobre una metodología para la construcción estratégica de un frente amplio para la transformación de Colombia con vocación de poder.

Vamos por la Paz,
Vamos por la Unidad,
Vamos por los Derechos!




[1] Acto Legislativo N° 1 del 3 de julio de 2003 “Por el cual se adopta una reforma política constitucional y se dictan otras disposiciones” y el Acto Legislativo N° 1 del 14 de julio de 2009 por el cual se modifican y adicionan unos artículos de la Constitución Política de Colombia”.
[2] Mínimo de votos para que un partido pueda tener representación en el Congreso u otro órgano colegiado de elección popular.
[3] “La UP y Marcha Patriótica amenazadas de muerte por los ‘Rastrojos’”, El Espectador, 3 de febrero de 2014. Consultado el 7 de febrero de 2014 en http://www.elespectador.com/noticias/judicial/up-y-marcha-patriotica-amenazadas-de-muerte-los-rastroj-articulo-472515.
[4] “No es que las chuzadas se repitan. Es que no han dejado de existir”, Prensa Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo, 5 de febrero de 2014. Consultado el 7 de febrero de 2014 en http://www.colectivodeabogados.org/La-historia-de-las-chuzadas-no-se.
[5] “¿Alguien espió a los negociadores de La Habana?”, Revista Semana, 3 de febrero de 2004. Consultado el 7 de febrero de 2014 en http://www.semana.com/nacion/articulo/alguien-espio-los-negociadores-de-la-habana/376076-3.
[6] Publicado el 22 de mayo de 1965.
[7] Firmados el 14 de enero de 2014.
[8] Plataforma para un Movimiento de Unidad Popular.
[9] Ibíd.
[10] Camilo Torres Restrepo, Conferencia en Villavicencio, agosto 21 de 1965.
[11] Ibíd.
[12] Camilo Torres Restrepo, Conferencia Universidad Nacional de Colombia, mayo 22 de 1965.
[13] Editorial (El Frente Unido del Pueblo) Frente unido, No. 8, octubre 14 de 1965

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