3/28/2016

Gilma Benítez
(15 de enero de 1958 – 24 de marzo de 2014)


A la amiga, a la compañera, a la lideresa campesina, a la incansable, a la imprescindible, a la abeja madre, a Gilma…

A la Abeja Madre

Fue también un 24 de marzo, del año de 1980, cuando fue asesinado el arzobispo mártir, el cura Oscar Romero, en la capilla del hospital de cáncer “La Divina Providencia” en San Salvador. Gilma tuvo la dignidad de compartir con él, además de los días coincidentes de sus muertes, una profunda convicción de vida: la opción por las y los pobres de la Abya Yala y el compromiso irrenunciable por las causas sociales. Gilma y Oscar son ejemplos de hombres y mujeres que han dejado de serlo, porque su entrega los hace pueblos, así como los ríos se entregan para hacerse mar.

Sus gestas revolucionarias son y serán ejemplo para las nuevas generaciones, sus espíritus viven y vivirán con nosotros y nosotras, no sólo bajo una ineludible nostalgia, sino principalmente como llamas fervorosas que nos alienten a persistir con entereza, amor y solidaridad en la lucha por la vida digna, fieles a la rectitud de sus actos, fieles a la templanza de su pensamiento. Para Monseñor Romero, a 36 años de su cobarde asesinato, nuestro más sentido y admirado homenaje.

A Gilma, nuestra querida Gilma, quisiéramos compartirle una alegoría de su vida. Al pensar en ella sólo podemos imaginarnos a una  Abeja Madre. Pues bien, la esencia de la sabiduría espera por nosotros y nosotras en todos los rincones de nuestra realidad de la misma manera en que el polen y el néctar esperan en todas las flores de los valles, los páramos, las selvas e incluso de los más modestos jardines. Sin embargo, tanto el polen, que puede ser miel, como la sabiduría, aunque omnipresentes, han sido negados a la mayorías.

En este cuento, las abejas vendrían a ser las revolucionarias. Las únicas capaces de recoger el néctar de las flores para transformarlo después en miel, las únicas capaces recoger las verdades agazapadas en los rincones de nuestra realidad para construir sabiduría a partir de ellas. Lastimosamente, aunque todos nazcamos abejas, muchos no lo asumimos o si acaso no nos damos cuenta. Entonces ahí aparecen las abejas madres, las dadoras de vida, las portadoras del secreto que permite convertir el néctar en miel. Así apareciste tú Gilma, a ti debemos el panal que hoy nos cobija, a ti debemos nuestro zumbar por el mundo. 

Te concebimos además como una abeja madre porque al igual que ellas te rodeaste particularmente de mujeres. Tus abejas trabajadoras no son más que las cientos de mujeres a las cuales les compartiste tu sapiencia, a quienes convenciste con tu mirar inequívoco y con quienes luego conspiraste y caminaste los peligros y las alegrías de tu lucha inclaudicable.


Es una ley de la naturaleza que las abejas madre nunca abandonan su panal y tú no fallaste ante tal expectativa, sólo el encuentro con la muerte pudo apartarte físicamente de nuestro lado, del lado de los pueblos oprimidos. Descansa en paz y tranquila, que tus abejas, tus compañeras obreras, no dudaremos al afrontar el mundo y confrontar a los enemigos de la manera en la que nos lo enseñaron tus actos.

Seguiremos haciendo miel hasta que esté al alcance de todos y de todas.

Gracias Gilma, gracias Abeja Madre.

Colectivo Agrario Abya Yala 
Frísol

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