6/11/2014

 Arte y debate: Paro Agrario, Cumbre y paz.

Los objetivos del Arte&Debate son la realización de un balance de lo que ha venido siendo la movilización de los sectores rurales. Esto implica realizar un balance de lo que fue el paro agrario, sus causas, la respuesta del  gobierno Santos, la firma del Pacto Agrario, la Cumbre Agraria y la mesa instalada en razón al paro del 30 de abril. Todo esto de cara a los posibles escenarios electorales de los extremos de la derecha, en los cuales no se presentan diferencias de fondo que den salida a los problemas del campo en Colombia y sin embargo, han logrado capitalizar parte de sus campañas con la coyuntura del agro.

Las causas del paro agrario de agosto de 2013

En este sentido, es importante fijar que en el año 2013 se presentó una agudización del conflicto social agrario, que viene en ascenso durante la última década, sobre todo a partir de la aprobación y ejecución de varios Tratados de Libre Comercio[1] y la implementación de la locomotora minero-energéticas y agroindustriales, que han resultado ser sumamente lesivas para las comunidades rurales y otros sectores que dependen de la producción rural, calculadas en cerca de 11 millones de personas (23% de la población)
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Este modelo de desarrollo ha generado que la totalidad de actividades agrícolas han tenido que ingresar al sistema de competencias del mercado global, en condiciones que han conllevado a una profunda crisis del agro y una pérdida drástica de soberanía alimentaria.

Por ejemplo, las importaciones en el 2012 aumentaron casi un 50%, y el 80% de las mismas correspondieron a materias primas y alimentos como azúcar, café, panadería, carnes y pescados[2]. A la entrada en vigencia de los TLC y la marcha de la locomotora minero energética, se suma el recrudecimiento de la militarización y la re-latifundización del campo en favor del sistema financiero especulativo[3], empeorando la marginalización histórica de los habitantes del campo y el despojo sistemático de los territorios.

La movilización del campesinado

En ese contexto, el 19 de agosto de 2013, estalló el Paro Nacional Agrario y Popular. De éste hicieron parte cafeteros, lecheros, cacaoteros, pequeños mineros, paperos, paneleros, arroceros, algodoneros, trabajadores y usuarios de la salud, transportistas, estudiantes, en general, amplios sectores populares y campesinos. En el primer semestre de 2013 el paro de los cafeteros, gracias a la millonaria concesión económica del gobierno, abrió el camino para la expresión de otros sectores agrarios. A los cultivadores del grano se sumaron los campesinos de la región del Catatumbo, luego los mineros informales y para terminar la oleada de reclamos, se convocó al paro agrario el pasado 19 de agosto junto a camioneros y trabajadores de la salud. 

Gran parte del país estuvo en mayor o menor medida, paralizado. Organizaciones de DDHH reportaron exceso de fuerza por parte de la Fuerza Pública y se encontraron documentados disparos indiscriminados contra la población civil, heridos con arma blanca u objetos contundentes, abusos sexuales, actos de tortura y malos tratos, ataques contra menores de edad y jóvenes, lanzamiento indiscriminado de gases lacrimógenos, ingreso arbitrario a lugares de habitación, así como destrucción, saqueo y robo de bienes de campesinos, identificación, señalamiento, persecución y amenazas contra los líderes y liderezas del paro, detención masiva y arbitraria, entre otras[4].  El saldo del paro fueron 12 muertos y 460 heridos, no sé cuantas judicializaciones. Esa fue la respuesta concreta del gobierno Santos.

Tras semanas de movilización de los sectores populares y la represión criminal por parte de la Fuerza Pública, el Gobierno Nacional, en cabeza del presidente-candidato Juan Manuel Santos, se comprometió a tomar medidas tendientes a reducir el costo de los insumos y mejorar los canales de comercialización.

El llamado “Pacto Agrario”

Al lado de la criminalización y la represión de las protestas campesinas, el Pacto Agrario fue la respuesta a la movilización social campesina más importante en las últimas décadas. Se prometió además congelar la Resolución 970 del ICA que permite decomisar las semillas guardadas por los agricultores; más presupuesto para agricultura, reducir los precios de los insumos agrícolas y se nombró al nuevo ministro de Agricultura Rubén Darío Lizarralde, destacado empresario de Indupalma que impulsa frenéticamente los proyectos de asociación entre campesinos y empresarios, algo así como las asociaciones entre los lobos y las gallinas.

El Pacto Agrario fue entonces un acuerdo con baja participación del campesinado, ausencias y escepticismos, que estableció mecanismos burocráticos a nivel local, regional y nacional para la definición de proyectos agrícolas con fondos para subsidios cercanos a $1 billón manejados por FINAGRO al que llamaron “Sistema de Participación Popular”. A través de componente de proyectos productivos, se cofinanciarán actividades como siembra, renovación de cultivos, maquinaria y equipos, transformación de productos, transferencia de tecnología, asistencia técnica, mercadeo, comercialización agropecuaria, construcción y ampliación de plazas de mercado y centros de acopio.

Por su parte el Gerente del Pacto Agrario, Cesar Pardo Villalba manifestó que se podrán priorizar hasta cinco proyectos por municipio o departamento. En todo caso, es importante tener en cuentan que no todos los proyectos serán cofinanciados, esto dependerá de la viabilización por parte del MinADR, a partir de los criterios establecidos.

Los decretos adicionales expedidos en el marco del Pacto Agrario versan sobre
  • Arancel cero para los insumos agrícolas.
  • Un régimen de libertad vigilada para el control de precios de los insumos agrícolas, y la creación de una comisión para la regulación de estos precios, algo similar a lo que se viene haciendo con los medicamentos.
  • Fortalecimiento de la estructura del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, con la creación de un Viceministerio específico para el Desarrollo Rural.
  • Eliminación del contingente de importación de los lacto-sueros.
  • La formalización por decreto del Sistema de Participación Popular, "para que acordemos el Pacto Nacional por el Agro y lo implementemos con éxito".
Los acuerdos, que no hicieron mención sobre el problema estructural del modelo de desarrollo, el acaparamiento de tierras, la pauperización de las economías campesinas e indígenas, entre otros problemas estructurales, fueron incumplidos en su totalidad.

Por esta razón, amplios sectores populares, convocaron a la gran Cumbre Agraria, étnica, campesina y popular. Como resultado del encuentro, el pasado 31 de marzo, la Comisión Política de la Cumbre entregó el Pliego Unitario al gobierno de Santos como segundo llamado para instalar una mesa única de negociación en donde se dé respuesta a las demandas del movimiento social y popular colombiano. 

Los acuerdos de instalación de la mesa de diálogo y concertación con la Cumbre  Agraria

La instalación de la mesa de diálogo y concertación implicó el reconocimiento de la Cumbre Agraria como actor político en la construcción de políticas publicas para el sector agrario, que abordará los 8 ejes de nuestro pliego de exigencias, mandatos populares en tierra y territorio, derechos políticos de comunidades agrarias, minería y medio ambiente, economía étnica y campesina, cultivos de coca, marihuana y amapola, derechos sociales y paz con justicia social. Fondo para el fortalecimiento de la economía campesina, aprobación de obras públicas de infraestructura, entre otras garantías para continuar en la mesa. (Leer pliego completo)

Las movilizaciones campesinas, sus demandas de cara a las elecciones y a la paz

Paralelo al proceso de unidad que viven varios sectores agrarios, étnicos y populares, representados en la Mesa de Diálogo y Concertación, quienes consideran que sin abordar los temas planteados dentro de la agenda de la Cumbre Agraria no se dará una solución de fondo y habiendo avanzado en 4 puntos de los 6 que se plantearon en la mesa de la Habana, particularmente con avances en el tema de tierras:

Los candidatos a la segunda vuelta electoral para definir Presidente de la República han cerrado sus campañas en Boyacá junto con los sectores agrarios que impulsaron también las demandas agrarias. Es justamente, Oscar Iván Zuluaga, candidato de la extrema derecha y representante del narco-para-latifundismo, quien ha podido capitalizar gran parte del descontento popular frente a la política rural del país. Muestra de ello es la reciente suscripción de acuerdos programáticos con el movimiento de Dignidad Agropecuaria en Huila y Cundinamarca, en donde se establece que Colombia es un país rural y del cual se destacan los siguientes puntos:
1.       Reducción de costos para los productores del campo
2.       Institucionalidad para un campo rentable
3.       Promoción de las asociaciones de productores
4.       Infraestructura
5.       Formación del recurso humano
6.       Reactivación de demanda a través de la alimentación escolar
7.       Competencia e inserción en la economía global
8.       Manejo de instrumentos financieros

De la misma manera, el Presidente-candidato realizó el cierre de su campaña en Boyacá en donde aceptó que el campo ha estado olvidado “por siglos” curiosamente siglos en los que su familia se ha mantenido en el poder.
En este sentido, cuando el movimiento social se encuentra en el dilema electoral que le plantea de un lado una profundización y continuidad de las políticas nefastas para el campo, pero de otro el retorno al narco-para-latifundismo, nos preguntamos cuál es el panorama para las luchas campesinas, étnicas y populares?
Nos llevan los demonios o los santos, entre usted a escoger
En el marco de un posible tratado de paz con la guerrilla de las FARC-EP el anunciado con el el ELN  el 10 de junio de 2014 y uno posible conel EPL, el papel de las economías  extractivas legales viene a cumplir un papel más relevante del que hasta el momento han tenido.
En la actual coyuntura los dos posibles gobiernos de derecha no ponen duda el modelo de desarrollo caracterizado para Colombia en su herencia histórica colonial bajo la figura de proveedor de materias primas en marco  del Sistema Mundo Capitalista y es claro, como lo siente en las calles y veredas nuestro pueblo que la gran diferencia entre Santos y Uribe/Zuluaga es quien se apropia del “negocio” y si lo hace de forma “legal” bajo la figura de apropiación por desposesión (Harvey) y guerra económica o bajo la intervención militar en los territorios, abiertamente declarada, a la usanza de la acumulación originaria (Marx)
Para las dos propuestas es clara la necesidad de argumentar como modelo de desarrollo, la cohesión social y la prosperidad para todos, bajo el “extractivismo”, reproduciendo  la creencia en el “desarrollo” como crecimiento de los indicadores económicos y de inversión extranjera directa y limitando la economía colombiana a extracción de grandes volúmenes de recursos naturales que no son procesados, o procesados en forma limitada, para ser exportados al exterior (Gudynas).  Santos y Uribe/Zuluaga lo llaman locomotora minera y/o confianza inversionista, ambos lo apellidan neoliberalismo y tratados del libre comercio.
Como modelo histórico – colonial, es evidente el impacto negativo en las comunidades, los ecosistemas y el territorio. Por ejemplo en el caso del petróleo y la minería,  sus efectos en son irreparables ya que este tipo de economías esta ligado al aumento de las violencias, el control militar-paramilitar de la vida cotidiana y la libre movilidad en los territorios, sumado a las olas migratorias forzadas, el desplazamiento y el destierro, el fomento de la prostitución, y la materialización de daños ambientales irreparables. Estos son impactos que no afectan solo a las dimensiones económicas de la población sino también el ámbito cultural y ambiental que ponen en riesgo nuestra identidad como pueblos y buscan crear más allá del desplazamiento, desarraigo por la vida digna en los territorios.
Por su parte, Colombia es Amor, bambuco de tierras montañosas andinas, recuerda que esta patria es la tierra de la esperanza;  propuestas como las expuestas en el pliego de la Cumbre Agraria Étnica y Popular y la movilización del Paro Agrario hacen evidente la gran fuerza creativa y biodiversa de nuestra herencia negra, indígena, campesina y como en la ciudad sigue viva y combativa. Es de rescatar de las propuestas del Pliego de la Cumbre la necesidad de retomar las ideas del maestro Fals Borda de un Ordenamiento Territorial Comunitario y Popular actualizando propuestas sobre la tenencia y uso de la riqueza natural de nuestro país en función de la felicidad, de la autonomía y la autodeterminación territorial y de la resistencia al modelo económico de despojo que han sufrido los pueblos del Abya Yala; por su parte afirman las Zonas de Reserva Campesina, los Resguardos Indígenas, los Consejos Comunitarios de Comunidades Negras, Las Zonas de Biodiversidad,  propuestas colectivas de habitar el territorio que han demostrado ser además salvaguardas de la vida, no sólo la humana, ante la amenaza del extractivismo.
En medio de esta coyuntura, donde la derecha progresista[5], ha abierto el escenario para dialogar y afrontar los grandes debates de país, aún en medio de la guerra y la persecución política a la oposición, estamos llamados a construir como movimiento sociales propuestas serias, soñadoras, mirando la en el horizonte el Suma Kawsay (Buen Vivir), pero con los pies (y la semilla) bien plantados en la tierra.
La historia es nuestra!!!
Señores de la Guerra, su tiempo ya paso!!!





[1] Actualmente Colombia tiene 13 acuerdos comerciales vigentes con México, El Salvador-Guatemala y Honduras, Chile, EFTA, Canadá, Estados Unidos, Nicaragua, parcialmente con Venezuela, Cuba, Unión Europea, entre otros acuerdos de comercio y cooperación económicos con CARICOM- Caribe, CAN y MERCOSUR. Se encuentran suscritos 5 acuerdos con Corea, Costa Rica, Israel, Panamá y la Alianza del Pacífico; y en etapa de negociación se encuentran dos acuerdos con Turquía y Japón.
[2] Garbanzo, fríjol, lenteja, arveja verde seca y otros granos secos vienen de Canadá, Estados Unidos y Argentina. El ajo de los guisos que comemos todos los días, de México y Japón, mientras que muchas frutas se traen de Chile y Canadá. Aunque muchos no lo crean, una gran parte del bocachico que se come en Colombia no es del río Magdalena, sino argentino. De Ecuador viene el arroz, legal o ilegalmente. Si se trata de procedencias exóticas, el filete de basa (pescado) que se vende en todos los almacenes de cadena se trae de Vietnam, así como el café. En cuestión de enlatados, los atunes, sardinas y espárragos son peruanos y ecuatorianos, mientras que los melocotones y frutas en almíbar se importan de Estados Unidos y Chile. De este último país se traen las uvas y las ciruelas secas.
[3] Una de las estrategias del despojo más importantes en estos momentos históricos son los créditos para la producción agrícola. Muchos sostienen, como el profesor Libreros que la formalización de la tierra y la actualización del catastro rural (promovida por vía de Ley de víctimas, entre otras políticas impulsadas por personajes como el ex ministro Juan Camilo Restrepo), más que estar encaminados a institucionalizar la propiedad rural corresponden a la lógica del mercado de tierras y la generación de nuevos espacios para el capital financiero.
[4] http://www.oidhaco.org/?art=1714&lang=es
[5] Entendiendo por progreso la inmersión de Colombia en el mercado global de forma “legal” y sin la excusa de la guerra, lo que sugiere la necesidad del fortalecimiento de los Movimiento Sociales.






  • Presentación Colectivo Agrario Abya Yala


    1. El Colectivo Agrario Abya Yala, es un equipo de trabajo interdisciplinar dedicado a la acción,  reflexión e investigación de los conflictos por la tierra y los territorios en Colombia. Nuestra apuesta ha sido la de construir universidad con pensamiento crítico y profesionales al servicio de las lucha por la vida digna de nuestros pueblos, desde una perspectiva auténticamente latinoamericana.

      Abya Yala es un vocablo Kuna (comunidad indígena de Panamá y Colombia) que quiere decir “tierra madura” “tierra fértil” “tierra lista para parir”; Abya Yala es el nombre de nuestro continente y los pueblos originarios así la nombran, así la viven y nos representa una apuesta por caminar una Latinoamérica que no le rinda culto y memoria a un Florentino, ni le de más tributo a la colonia, sino que construya y reivindique su propia memoria y camine una vida más auténtica, biodiversa, colorida, alegre  acorde con los pueblos que vivimos y habitamos en ella.

      Llevamos cinco años realizando huertas en la universidad, trabajo popular en barrios y comunidades rurales y seminarios académicos y políticos como el dedicado al Maestro Antonio García Nossa (fundador de la Facultad de Economía, estudioso y analista de las reformas agrarias en Latinoamérica y compañero de Jorge Eliecer Gaitán con quien formularía el Plan Gaitán)

      En contexto