6/24/2014

* Agüela, es tan solo la palabra abuela pero mal pronunciada, o mejor, pronunciada al estilo de los niños mal hablados. ;) 

Erase una vez y varias veces la guatila en las manos de la abuela. Toda verde, deforme y lisa, toda fría. La miro en la foto, sumida en su silencio, en ese fondo blanco y así, silenciosa está una guatila ahora sobre el mesón de la cocina. Mi abuela hacia un guiso al que le ponía guatila, tal vez lo comí de pequeña y si lo hice, ni me enteré. En mi corta memoria de niña, memoria llena de presente, solo había espacio para la cebolla y el tomate, mezcla inolvidable que me torcía el paladar.


Entonces... ¿Cuándo es que reaparece la guatila? O mejor. ¿Cuándo fue que desapareció? ¿Por qué en la casa nadie la nombra, por qué no nos es cotidiana? O peor aun y... generalizando: ¿A quién se le ocurrió llamarla “papa de pobre” cuando ni los pobres la consumen hoy en día a pesar de lo barata? Y a pesar de que crece solita y sin que la miren, en casa-lotes, patios y potreros.


Que es rica en vitamina C, que baja el colesterol, que sirve para adelgazar y demás atractivos nutricionales no me quitan el sueño... de imaginarme su historia. La historia de la guatila, otro ejemplo de nuestra constante subestimación y olvido de lo que crece en nuestra Tierra y del valor la misma. Yo sé poco de la guatila. Solo sé que estuvo alguna vez y varias veces en las manos de mi abuela, en el plato de mis padres, de mis tías y mis tíos. Estuvo en el plato de mi abuelo y en otros platos y cocinas mas lejos, mas atrás de aquella época.




A veces pienso que en esta ciudad somos todos seres recientes. Hace apenas dos generaciones que dejamos de ser campesinos. Me refiero a la familia de la que vengo y a unas cuantas otras que conozco, cuyos abuelos nacieron en algún rincón perdido de Cundinamarca u otro departamento. Cuyas abuelas y abuelos, muchos aun vivos, nacieron en el campo. ¿Cómo es que estamos desconectados de la naturaleza al punto de no poder reconocer un aliso ? ¿Cómo es que olvidamos que habíamos probado la guatila alguna vez o que aunque sea nos la habían nombrado? Hablo por mi y tal vez por unas cuantas personas que desconozco, potenciales visitantes de este blog y de estas letras.

Abuelas y abuelos que nacieron en los tiempos de las parteras y que emigraron a la capital como parte de un gran éxodo rural, forzado o no, pero en todo caso bajo circunstancias de hambre, pobreza y orfandad. (¿Cabrá decir aquí que ese éxodo aun no termina?) Tan recientes somos en esta ciudad y tan reciente es nuestro paso del adobe y los techos de barro a los muros de ladrillos industriales y las tejas de asbesto, que es sorprendente cómo le perdimos el rastro a tantas frutas y verduras variadas y únicas al punto de solo reconocerlas y revalorarlas el día en que nos las sirven en un restaurante caro.

Y allá está la guatila aun silenciosa, cerca de tres cebollas rojas, guayabas para el jugo y otras cosas en el mesón. Las manos de mi abuela tienen ahora muy poca fuerza para la cocina. ¿Hasta dónde, atrás en el tiempo, habrá que ir para encontrar el primer recuerdo de la guatila en las historias de mi abuela? Qué mejor historia para hablar de la guatila que lo que una abuela pueda contar, así sea inventándose el recuerdo!

La Historia o al menos una historia sobre la guatila. Que nos la cuente alguna abuela y no una revista cultural. Que nos cuenten una historia no contada, de esas que se refundieron entre verduras y llantos de niños, en medio de las obras negras que fueron sus casas. Que se acuerden de esa historia no contada en la tienda de la esquina, ni murmurada por las calles destapadas. Historias que atravesaron invisibles los años, sin la bulla de los grandes cambios, sin dejar estatuas o fechas de las que acordarse en algún examen. Así, sin alaraque, pues los niños duermen... y son muchos.

Tan solo porque no podemos amar esas historias sin conocerlas, ni valorar la guatila sin probarla. Por ahora aquí te dejamos la imagen, bajo licencia Creative Commons. Copiala, utilízala, difúndela, habla de la guatila pues lo que no se nombra se olvida, búscala en la tienda. Puede que al probarla te sepa a alguna historia que no viviste pero hace parte de ti. Puede que el sabor te traiga algún recuerdo que no sabes si soñaste o inventaste, pero que es tuyo. Te pertenece.


Imagenes y texto por Grupo Colombio

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