10/03/2016



Sobre el análisis de la votación en el plebiscito en el que ganó el No


Por Valentina Montealegre Melo - Yuca Brava Docente de Geografía de la Universidad de Cundinamarca, sede Fusagasugá

Desde la derecha gobiernista:

Juan Manuel Santos fue demasiado ambicioso al querer alcanzar a toda costa su lugar en la historia como el presidente de la Paz – y seguramente futuro premio Nobel -, pues en tanta prisa no midió debidamente los costos políticos de enfrentar el país a semejante decisión en un lapso de tiempo tan corto. Asumió que el clima de la coyuntura le era favorable al SÍ, pero en un país que no tiene tradición de voto, cuyos niveles de abstencionismo varían entre 45 y 60% y son reflejo de la ilegitimidad de nuestra democracia, es fácil que argumentos tan falaces y calcados de una anacrónica propaganda de la Guerra Fría, como que las FARC llegarían automáticamente en masa al Senado y Congreso o que Colombia iría a tener un gobierno castro-chavista en la presidencia (ideas patrocinadas largo tiempo por RCN, Caracol y el mismo periódico El Tiempo, por tanto tiempo gerenciado por la familia Santos, para comprobar cómo la vida da vueltas) calen profundamente en una opinión pública. Ser “apolítico” ha sido la mejor manera para muchas personas de sobreponerse a la mentira de la democracia en este país, sin embargo es imposible ser neutral, pues somos seres políticos por definición y no posicionarnos frente a nuestra realidad, implica en realidad asumir la posición del stablishment. El problema es que la derecha, que actúa orgánicamente, SÍ VOTA. Y ayer votó por el NO.


Sin embargo, hay que recordar que las FARC fueron aún más ambiciosas al plantear una Asamblea Constituyente hace un par de años, cuando ni siquiera se había dado un debate más profundo sobre las consecuencias que iban a tener estos Acuerdos de Paz. El gobierno Santos se opuso rotundamente y al final el Plebiscito fue el punto medio de dicha negociación. ¿Qué habría sido de este país si esa idea hubiese sido desarrollada? El hecho de que sectores asociadas al conservadurismo en general ayer mismo comenzaran a exigir esa posibilidad, es una clara muestra.


Desde la izquierda: 

La retórica de la paz para mucha gente también era incierta, pues la izquierda en general no llenó de contenido el SÍ. La opción por el SÍ parecía vacía, como si sólo el dejar las armas ya nos hiciera despertar en un país menos desigual, mientras el gobierno desde hace por lo menos unos cinco años reorganiza jurídicamente el país para el “posconflicto”: la Ley de restitución de víctimas con sus precarios resultados y las Zonas de Interés y Desarrollo Rural Económico y Social ZIDRES son prueba de ello. Sin embargo para el pueblo pan y circo: la novela entre Uribe y Santos no nos dejó superar esa polaridad que ayer se afirmó con toda su contundencia. La izquierda además, con el objetivo de generar unidad, se alineó con pocas resalvas al discurso santista y esa fue una jugada de la que el Centro Democrático, partido de Uribe Vélez, sacó mucho partido, porque metió en el mismo saco a Timochenko, Santos y a toda la izquierda que para mucha gente “apolítica” - que además se concentra principalmente en las grandes ciudades, no ha vivido directamente el conflicto armado y ayer también salió a votar-, es la misma guerrilla. A eso se sumó tantos años de descrédito que las mismas FARC han acumulado en su contra. Las declaraciones en las que reafirman su voluntad política para continuar con futuros escenarios de acuerdos, es un paso esperado en esta coyuntura.

La pedagogía por el SÍ se quedó en promover la lectura de unos acuerdos que, en un país que tampoco lee, es una jugada poco táctica. Aunque hubo diversidad de cartillas, vídeos y otros instrumentos pedagógicos que hacían más digerible su comprensión, en UN MES las ilusiones de una paz incierta fueron insuficientes para todo el capital político que la derecha guerrerista ha acumulado en años. Los antecedentes de tantas negociaciones frustradas en el pasado, la negociación en medio del conflicto armado y la poca participación de la sociedad civil en las Mesas de Negociación jugaron en contra del SÍ, pues los cuatro años de negociaciones no fueron apropiados por el grueso de la población.


Desde una izquierda más escéptica, nos quedamos en el sobre-diagnóstico del problema (las amenazas de la Inversión Extranjera Directa llegando al país, la negación a la reforma agraria con la Reforma Rural Integral, la formalización de la propiedad como forma de activar el despojo vía mercado de tierras, etc) pero no actuamos con la rapidez suficiente para que a partir de la identificación de los problemas, pudiésemos formular vías hacia propuestas que llenaran de seguridad tanta incertidumbre. 


El resultado sorprendió a muchas personas que asumimos que tener del lado del SÍ a toda la maquinaria de la oligarquía colombiana de estirpe liberal representada en Santos, iba a garantizar la victoria. Por otro lado, es difícil ser realmente pedagógicxs cuando la izquierda la mayoría de las veces se cuenta el cuento entre ella misma y se concentra en las grandes ciudades, olvidando también los matices tan contradictorios que se dan en las periferias de Colombia, donde el conflicto armado es tan agudo. Dentro de la izquierda se daba por descontado que el SÍ ganaría en la totalidad de los departamentos centro del conflicto armado, pero el hecho de que el resultado haya sido contrario en el Norte de Santander, Casanare, Meta y Arauca que han sido cruentos escenarios de guerra, es prueba de ello.


Desde la derecha uribista: 

En medio de ese Estado y gobierno tan deslegitimado, Uribe fue un presidente que supo jugar a su favor todo su populismo y eso es algo que Colombia no olvida. Por primera vez un presidente iba a los pueblos más alejados del país, interlocutaba con la gente, se apropiaba de símbolos de la “colombianidad” como el sombrero vueltiao y era expresión de un gobierno que “le llegaba a la gente”, con el que inclusive conquistó a mucha de esa gente “apolítica”. Infelizmente eso ha prevalecido mucho más que las probadas conexiones con el paramilitarismo y narcotráfico que hace rato deberían tenerlo en la cárcel a él y a los otros ideólogos de todo el despojo y muerte que “refundó la patria” en sus años del terror. 


Pero ni Uribe y compañía esperaban ese triunfo. Hay que recordar los matices de su discurso. Al inicio iban completamente en contravía de los acuerdos de paz. Ya en las propagandas del sábado 01 de octubre, fue enfática la retórica de corregir los acuerdos y Francisco Santos el domingo luego del Boletín en el que por primera vez se daba por ganador el NO, se dirigió principalmente a las FARC pidiéndoles confianza en que corregir los acuerdos llevaría una paz “más estable y más duradera”, replanteando puntos tan sensibles como la reparación a las víctimas y las condenas legales a la guerrilla. Sin embargo desde el uribismo no hubo ni hay una propuesta concreta sobre cómo re-dirigir los acuerdos ya firmados. Seguramente entre las cosas a corregir peligran las curules de las FARC y pedirán endurecimiento de las penas a la guerrilla. No obstante, la Colombia de hoy es bien diferente a la que dejaba Pastrana con el Plan Colombia y que tomó Uribe con su “mano firme y corazón grande”. Ese discurso guerrerista ya no tiene más cabida y eso lo saben desde las toldas del Centro Democrático y la Unidad Nacional. El 2018 y las nuevas elecciones presidenciales están a la vuelta de la esquina y los resultados de ayer son un abrebocas de lo que podría pasar. El escenario colombiano de hoy muestra sobre todo a un pueblo que quiere una paz con cambios.



¿Y ahora?

Hay que hacer catarsis rápidamente de lo que significa este resultado y enfilar baterías no solamente para conquistar al 63% de abstencionismo, sino al conjunto de la sociedad civil. Más de 21 millones de personas que podrían votar y no votaron ¡es mucha gente!, infelizmente es el potencial electoral de las grandes ciudades alejadas de todas las contradicciones que sitúan en el campo colombiano y en comunidades campesinas colonas, indígenas y poblaciones negras el centro del conflicto. El mapa electoral[1] es diciente: la periferia del país, directamente afectada por la guerra votó por el SÍ. Contradicciones: dicha periferia es la que ha tenido históricamente menos relaciones con el Estado y menos posibilidades de voto. El centro del país, que conjuga las contradicciones de un modelo territorial supuestamente descentralizado pero profundamente excluyente y centralista, voto por el NO.

La intensa polarización en la que amaneció una parte del país exige que la formación de base en todos los escenarios se intensifique. Que desde la izquierda sepamos posicionar creativa y estratégicamente las posibilidades que se abren al tener por primera vez en muchos años un cese bilateral del fuego por FARC, ELN y Ejército, como forma de entender los orígenes de una geopolítica de la guerra, que exige profundizar un debate donde se sabe muy poco de actores decisivos en el conflicto armado como Estados Unidos y que es clave para superar la polarización que coloca a Uribe y Santos como protagonistas y aparentes contradictores de un asunto que es mucho más profundo y compete a todo el país y continente. La propuesta de una comisión amplia e incluyente que pueda dirimir sobre el futuro de los acuerdos de paz es una gran posibilidad.


Es necesario recrear una retórica lejos del lugar común en la que el movimiento social se deslinde del gobierno y piense realmente cómo formular propuestas. El triunfo del NO está lejos de significar una oportunidad perdida e irreversible. Es apenas un elemento para entender la profundidad de una sociedad que por primera vez en tantos años está hablando en todos los lugares, clases sociales y escenarios, sobre el conflicto armado y la paz.


La posición de la guerrilla del ELN en este momento es clave, porque se puede aprovechar para reactivar otros mecanismos de negociación que remitan a la vigencia de un conflicto en el que el paramilitarismo sigue presente como un actor decisivo. Los frutos de esta politización se darán en el mediano plazo y las cartas que ahora se pongan sobre la mesa deberán ser pensadas con más agudeza.


El que tengamos una parte del país dividido nos exige una visión estructural que supere la coyuntura, pero que también sepa cómo enfrentarla. Es el movimiento social, de forma amplia y convocante, quien debe profundizar sobre una tercera vía, que pueda ser más apropiada por dicha opinión pública “apolítica” y/o abstencionista.

En este escenario es pertinente posicionar escenarios de negociación paralelos y que recogen propuestas desde la sociedad civil, pero que han sido invisibilizados y reprimidos por el gobierno, como la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular. Allí se encierran propuestas que superan el escenario electoral como única vía para generar cambios estructurales en el país y que iluminan un posible camino para la incertidumbre que hoy nos rodea.

Hay que pasar la página rápidamente, pues ¡hay mucho por ganar!

03 de octubre de 2016

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