4/02/2018

Por Cubio Colectivo Agrario Abya Yala
Hoy la Investigación acción participativa es más vigente en Colombia que nunca, en un momento que sin duda está atravesado por la búsqueda de la paz con justicia social. Justo cuando se ha firmado un Acuerdo de paz entre el Estado y las FARC y se busca la paz completa con la mesa de negociaciones con el ELN.  
La IAP se ha consolidado en la  actualidad como una metodología de investigación que puede aportar significativamente a la actual coyuntura colombiana, que requiere urgentemente atender la profunda desigualdad y exclusión social, y transformar las instituciones políticas y sociales, para un verdadero ejercicio de democracia y Estado Social de derecho.
La implementación integral del acuerdo de paz, continuar las negociaciones con el ELN, atacar la corrupción y el paramilitarismo, erradicar la cultura política clientelista, son algunos de los principales retos que tiene actualmente la sociedad colombiana y su gobierno a punto de terminar, en una coyuntura electoral que conserva los vicios del pasado, pero que se observa una tendencia hacia el cambio.
Como se ha diagnosticado hasta la saciedad, la ineficiencia del Estado colombiano se fundamenta principalmente en que existe una desconexión entre el país político y el país real, y los hacedores de política pública continúan formulando planes y programas desde la comodidad de sus escritorios, sin tener en cuenta las experiencias y experticias de la gente del común.  
La investigación acción participativa es una metodología qué busca el diálogo entre los saberes especializados y los saberes populares, como medio para la transformación social. A través de este proceso se pueden tratar todos estos asuntos, que requieren de un trabajo continuo de análisis, retroalimentación y participación de la sociedad y los grupos excluidos en la toma de decisiones, que conlleven a un empoderamiento popular para un mayor control social a la ejecución de los recursos públicos, y permitan una democratización en el Estado con formas más incluyentes de gobierno.
La educación y empoderamiento de las comunidades más vulnerables así como de las víctimas de la violencia, es un proceso necesario para superar los problemas estructurales de nuestro país, por ello se requiere un proceso coordinado y continuo que permita el diálogo de saberes.
Hoy podemos ver que la investigación acción participativa, se encuentra desplegada en muchos ámbitos como la academia, organizaciones, instituciones y agencias multilaterales, que han incorporado dentro de sus principios de acción, línea metodológicas y objetivos estratégicos elementos de la investigación acción participativa. Así mismo se han producido interesantes convergencias interdisciplinares en torno a la IAP con resultados muy productivos y redes de investigación y acción a nivel global, que permiten el intercambio de saberes y experiencias en distintos niveles.
La IAP despierta el entusiasmo dentro de muchos jóvenes y personas de todas las edades y condiciones sociales, que ven en este paradigma la oportunidad de aportar de manera sistemática y organizada a la transformación de muchas realidades locales. Esto se demostró en la amplia acogida y participación de la Conferencia de la Action Reserch Network of the Américas que tuvo lugar en Cartagena de Indias en el año 2017. Donde se presentaron una gran diversidad de experiencias y análisis nacionales e internacionales.
Podemos decir que la investigación acción participativa es hoy en Colombia una práctica y una necesidad. Una práctica, porque son innumerables las experiencias académicas y organizativas que la han utilizado. Y una necesidad porque, la sociedad colombiana tiene retos que pueden ser abordados en el marco de la  investigación acción participativa, como una herramienta de carácter científico capaz de contribuir a los procesos de transformación que requieren nuestras instituciones y prácticas sociales.
Considero que en particular, que la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, mecanismo extrajudicial que apunta a develar los aspectos más importantes del conflicto armado, y busca reparar a través de la verdad de lo ocurrido, debe contener dentro de sus principios epistemológicos y metodológicos a la investigación acción participativa, para que los ejercicios de investigación que adelanten, permitan la dignificación de las víctimas y su afirmación como sujetos activos en la superación de las causas del conflicto, para lograr la transformación de las condiciones de convivencia en los territorios, apuntando a escenarios de solidaridad y reconciliación.
En este proceso, recordando al maestro Fals Borda, debe conjugarse de manera dialéctica la praxis directa con la frónesis ética, para evitar reproducir los errores del pasado que nos han llevado a desperdiciar muchas oportunidades que la historia nos ha dado.
¿De qué manera la IAP puede ayudar a construir la sociedad posconflicto en Colombia?
La firma del Acuerdo de paz, puso a soñarnos con una nueva Colombia, un país más incluyente, sobre todo con las regiones y las poblaciones más afectadas por la guerra. La investigación acción participativa en la actual coyuntura de su implementación ofrece a Colombia una oportunidad histórica para avanzar en la superación de los factores del conflicto armado, y construir condiciones para una paz estable y duradera.
Es innegable que se requiere del máximo esfuerzo y creatividad de todos los ciudadanos, para comenzar a transitar a una verdadera democracia donde se puedan tramitar las diferencias sin recurrir a la violencia. Se conozca la verdad de lo ocurrido en el conflicto armado, se dignifique a las víctimas y se identifiquen los responsables y los factores que propiciaron la violencia. Para ello es fundamental la verdad, la reconciliación, la justicia y las garantías de no repetición.
Todo lo anterior debería conducir al establecimiento de pactos reales (más que formales) entre los diferentes sectores sociales, que terminen con el vínculo entre armas y política, para construir soluciones de convivencia basadas en la superación de los mecanismos históricos de discriminación y opresión.
La construcción de la paz pasa necesariamente por superar las causas estructurales que lo generaron, a esto apunta el Acuerdo de paz. Resolver la profunda brecha entre el campo y la ciudad, construir estado social de derecho sobre todo en las zonas más afectadas por el conflicto, a través de la reforma rural integral. Resolver las graves restricciones a la participación popular, y permitir la inclusión de los sectores históricamente marginales, a través de los mecanismos contenidos en el punto dos del acuerdo. Así como una justicia transicional que permita el esclarecimiento del conflicto, la reparación a las víctimas y la superación de la impunidad.
Los objetivos del Acuerdo final de Paz suscrito entre el gobierno y las FARC, coinciden plenamente con los objetivos de la investigación acción participativa.  Precisamente con motivo del proceso de paz, fueron llamados por el gobierno o las FARC, numerosos investigadores y expertos de todas las áreas del conocimiento, nacionales y extranjeros, a indagar las causas del conflicto armado en Colombia y a presentar recomendaciones que pudieran ser tenidas en cuenta en la construcción del acuerdo final de paz. Muchos coincidieron en la necesidad de adelantar reformas al Estado que permitiera hacer más eficiente su gestión, para llegar a los territorios donde el conflicto armado y su incapacidad lo habían impedido.
Entre ellas, la Misión rural por la transformación del campo colombiano hizo recomendaciones en el sentido de combatir La irresuelta situación de abandono y desigualdad social en el campo colombiano, allí sugirió la participación activa de las comunidades rurales en la construcción de los Programas de Desarrollo Rural Integral con Enfoque Territorial (PDRIET), buscando articular y llevar de manera conjunta toda la oferta del Estado a un mismo territorio, construidos de manera participativa, partiendo de las potencialidades del territorio y las necesidades y aspiraciones de sus habitantes.
La paz territorial es un principio del Acuerdo de Paz y una propuesta del gobierno nacional, en cabeza del Alto Comisionado para la Paz en Colombia, que parte del  reconocimiento del fracaso del Estado en su papel de garante de la democracia y los derechos fundamentales en las zonas más afectadas por el conflicto armado interno. Lo anterior no constituye ninguna novedad, pero es importante que el gobierno nacional lo reconozca.
Frente a lo cual propusieron construir una nueva institucionalidad en los territorios históricamente golpeados por la violencia, a partir de una nueva forma de relacionamiento con las comunidades rurales, donde la planeación se realice de forma participativa y las políticas públicas se construyan de “abajo hacia arriba”. Propuesta que contiene plenamente el sentido de la IAP, como lo es la transformación del ejercicio del Estado, con políticas públicas más participativas y adaptadas a las particularidades de los territorios.
El reconocimiento de la calidad de sujeto activo a las comunidades rurales, sobre todo las más afectadas por el conflicto armado, en la toma de decisiones que le afectan es fundamental para la construcción de las transformaciones que se requieren. Sin embargo el primer paso debe ser un cuidadoso proceso de socialización y pedagogía del Acuerdo de paz, en un proceso de devolución sistemática, que permitan su apropiación por parte de la ciudadanía, en especial por parte de las comunidades rurales más afectadas por el conflicto armado. Esto permite dotar de mayor legitimidad el Acuerdo. Sin embargo, lo que vimos previamente y posterior al plebiscito fueron ejercicios apresurados de exposición técnica que no permitieron una profunda aprehensión por parte de toda la población.
El reconocimiento de las particularidades socio-biogeográficas en la ejecución de políticas públicas y en el ordenamiento territorial es fundamental, así como la construcción participativa con las comunidades las políticas públicas para la paz. Sin embargo, lo que se ha observado hasta el momento es que en los aspectos más urgentes se ha continuado con las viejas formas de hacer políticas públicas, dejando como resultado balances muy negativos en temas como el proceso de reincorporación a la vida civil de los excombatientes de las FARC, los planes de desarrollo con enfoque territorial, los planes integrales de sustitución de cultivos de uso ilícito, los planes de protección colectiva, así como las medidas de reparación y actos de reconciliación, entre otros.
En la práctica las entidades encargadas de ejecutar las políticas prioritarias del acuerdo de paz, no fueron reestructuradas para cambiar su funcionamiento en pro de una mayor apertura democrática y participativa. Durante la implementación del primer año del acuerdo, Presidencia de la Republica, Ministerio del Interior, alta consejería para el posconflicto, Ministerio de Agricultura, Ministerio del Medio Ambiente, y sus entidades adscritas, entre otras. No estuvieron a la altura histórica de lo que el país necesitaba. Instituciones que continúan elaborando las políticas para la implementación de la paz, sin realizar espacios consultivos adecuados, ni tener en cuenta la opinión de las comunidades rurales, campesinas, cocaleras, indígenas, afrodescendientes y de mujeres.
La situación actual del país, la frustración que ha causado los incumplimientos por parte del gobierno nacional en la implementación del acuerdo de paz, la  incapacidad del Estado para llegar a todo el territorio nacional, brindando los derechos que debe proveer como Estado social de derecho y para asegurar el monopolio de la fuerza, ha causado el reciclaje de la violencia y la reconfiguración del conflicto armado en todo el territorio nacional, con el fortalecimiento del paramilitarismo y otros actores armados, generando miles de víctimas.
Todo lo anterior, nos debe invitar a pensar como sociedad, a repensar los errores que se han cometido, a la sociedad civil por quizá la falta de movilización e incidencia, al gobierno nacional y sus funcionarios a pensarse realmente que no basta con cambiar el discurso, también es necesario cambiar sus prácticas.
Sin embargo la implementación de los acuerdos de paz hasta ahora comienza, y a pesar de las graves dificultades es importante rescatar los aspectos positivos que este proceso ha desatado.
La firma del acuerdo de paz y su implementación ha generado una movilización social importante, (a pesar de que en algunos momentos no ha respondido como se esperaba) que se ha expresado en escenarios urbanos y rurales, en favor de la aplicación de lo pactado. Entre ellas destaca el proceso organizativo de los productores de cultivos de uso ilícitos, como la Coordinadora de Cultivadores de Coca, Amapola y Marihuana (COCCAM). Así como los espacios de dialogo y construcción de acuerdos locales generados con la construcción de los PDET.  
En este proceso, también es importante destacar la participación de la academia en la implementación de algunos aspectos del acuerdo de paz, tal como la reintegración a la vida civil de los excombatientes de las FARC, el apoyo en la formulación y ejecución en sus proyectos productivo, así como en el acompañamiento en los PDET. Urge en este sentido, realizar procesos rigurosos de sistematización de estas experiencias que permitan, recoger las lecciones y aprendizajes, para tenerlas en cuenta en el futuro.
 ¿Cuál es el papel de la obra de OFB en la construcción de la paz en Colombia?
El Maestro Orlando Fals Borda buscó incansablemente la paz en Colombia hasta sus últimos días. Entregó su vida a la investigación y acción sobre el conflicto social y armado, así como la construcción de soluciones.  La violencia en Colombia, libro en el cual fue coautor, es uno de los ejercicios más importantes de análisis del periodo de la violencia en Colombia, en él se señalan causas estructurales del conflicto armado que aún no se han resuelto, pero también hizo énfasis en la capacidad de resistencia popular a la guerra, que viene en la sangre de los pueblos originarios de nuestro país.
Entre sus principales preocupaciones estuvo la situación en el campo colombiano, con su grave inequidad, condiciones de atraso y abandono en muchas regiones rurales del país. Con sus investigaciones paradigmáticas como el hombre y la tierra en Boyacá, y campesinos de los Andes, la historia doble de la costa, etc. Identificó las principales dificultades y potencialidades del campo colombiano.
Fue uno de los principales proponentes y conocedores de la reforma agraria en Colombia. Su trabajo en el ministerio de agricultura logró sentar las bases de la propuesta más entusiasta de reforma agraria de la historia en los años 60, que lastimosamente está pendiente aún de realizarse en nuestro país.
Sus brillantes análisis políticos y su entendimiento de la cambiante realidad política nacional lo llevaron a transitar por diferentes movimientos políticos y sociales a lo largo de toda su vida. Su militancia en el M-19, y su participación como constituyente fueron fundamentales en la formulación de un nuevo ordenamiento territorial descentralizado y más participativo. Sus propuestas como presidente de la comisión de ordenamiento territorial fueron bastante ambiciosas, Lastimosamente nunca se aplicaron, pero hoy su propuesta de regionalización está muy vigente, y en algún momento deberán acogerse.   
Al final de su vida, insistió en la necesidad de que las FARC iniciaran el camino de la paz, afortunadamente fueron acogida tiempo después de su muerte. De haber vivido el proceso de paz de la habana, habría hecho aportes fundamentales al proceso, también habría podido señalar los errores y prevenir dificultades, sin embargo su obra fue fundamental en este Acuerdo de paz.
A su juicio: ¿Cuál es la síntesis de la vida y obra de OFB?
Debo confesar que el Maestro Orlando Fals Borda, fue mi principal inspiración para estudiar sociología, abandonando mis estudios de Ingeniería eléctrica en esta Universidad. Desde hace 10 años que tuve la oportunidad de acompañar su velación en la capilla de la Universidad Nacional, he sido un apasionado aprendiz de su obra y su ejemplo. Por lo cual participar en este homenaje es un honor para mí como sociólogo.
Orlando Fals Borda es un maestro en todos los sentidos de la vida, un ejemplo de vida y uno de los mayores intelectuales de nuestro país y el mundo. Se destaca entre muchos por su coherencia, al ser un intelectual orgánico comprometido totalmente con las causas de los más humildes campesinos, indígenas, afrodescendientes, obreros y clases populares, con numerosas experiencias exitosas de trabajo comunitario y acción política. Así mismo, por su capacidad intelectual para romper paradigmas, sembrar una nueva epistemología y formas de concebir el quehacer sociológico y científico. Aplicando como pocos el materialismo dialéctico, actuando metódicamente y teorizando sobre su experiencia, para construir soluciones reales a los problemas sociales.
Fals Borda fue un ser sentipensante que toda su vida se preocupó intensamente por el destino de su país, en especial de las comunidades rurales, en quienes veía la mayor riqueza y potencial para construir un mejor país. Fue un soñador y un revolucionario, que pudo demostrar porque debemos caminar la utopía, pero nunca cayó únicamente en el activismo, siempre mantuvo la rigurosidad en sus análisis. Sobresalió por su visión amplia del mundo, por su capacidad de tejer alianzas norte-sur y sur-sur, creando redes globales de academia comprometida en todo el mundo.
Su capacidad de romper paradigmas eurocéntricos, su crítica certera a la ciencia social hegemónica, cartesiana y positivista, caló profundamente, sacudiendo sus pilares y agrietando su hegemonía. Fals borda hace parte de los grandes pensadores latinoamericanos y del sur global que han quedado en la historia de las ciencias sociales, como uno de los artífices de la emergencia de nuevos paradigmas.
Hoy cuando asistimos a una profunda crisis de la cultura política colombiana, cuando los referentes políticos externos se disuelven en el aire, cobra más sentido su propuesta de socialismo raizal o “ecológico”, que hace énfasis en la importancia del pensamiento, historia y valores de los pueblos originarios, indígenas, negros, campesinos-artesanos pobres antiseñoriales y colonos y patriarcas del interior agrícola. Propuesta que aún no ha sido desarrollada plenamente, y se encuentra en mora de construcción, para activar el Kayizadu o renacer de las fuerzas fundantes de la nación, como verdadero renacer colectivo.   
¿Cuál es la presencia de OFB en el Departamento de Sociología?
En primer lugar, quiero felicitar a la Profesora Patricia Rodríguez y al Profesor Normando Suarez, por su dedicación y compromiso durante todos estos años por continuar el legado del Maestro Orlando Fals Borda. A través de sus clases, investigaciones, la Conferencia de la Action Reserch Network of the Américas y este volumen de la revista colombiana de Sociología.  
El Vol. 41, Núm. 1 (2018): La Investigación (Acción) Participante (IAP) en convergencias disciplinares: aprendizajes y retos para el posacuerdo, de la Revista Colombiana de Sociología, de la Universidad Nacional de Colombia, representa hoy un homenaje muy importante por parte del Departamento de Sociología a la memoria y legado del maestro Orlando Fals Borda. Aporta a la reconciliación con su legado y posiciona al departamento de sociología como uno de sus principales herederos.
Los artículos contenidos en la Revista documentan experiencias de puesta en práctica de la IAP como medio para la solución de conflictos y la construcción de convivencia, son muy valiosos y pertinentes para este momento coyuntural, donde se requiere recoger experiencias y lecciones para innovar en los retos que debemos afrontar.
Quiero resaltar también el trabajo de la Profesora Patricia Jaramillo y del Semillero de Investigación en Desarrollo Rural, que durante más de diez años ha venido recogiendo el legado del Maestro Fals Borda a través de las investigaciones de campo, las publicaciones, los encuentros campesinos en la universidad nacional y los encuentros regionales.
Continuando el legado de su trabajo de campo en comunidades rurales, que ha permitido un acumulado importante de experiencias de campo y la formación de varias generaciones de sociólogos y sociólogas sensibles a las realidades rurales de nuestro país y conscientes del método de la investigación acción participativa para construir ciencia útil y transformación social.  
Personalmente gracias a este semillero, pude adelantar una experiencia bastante satisfactoria de investigación acción participativa en el sur del Tolima, donde por cerca de más de un año pude vivir e investigar sobre la situación de los jóvenes indígenas Pijao en relación con la educación, resultados que pudieron ser socializados y aplicados dentro del grupo Pijao, grupo compuesto por jóvenes de la Universidad Nacional que trabaja por el fortalecimiento de la identidad Pijao y apoyan a los jóvenes en su ingreso a la universidad nacional, por ejemplo. Trabajo que ha dado grandes frutos con varias generaciones de estudiantes Pijaos en universidades públicas.  
Todo esto es el camino indicado. Auque considero que aún falta mucho trabajo para posicionar el trabajo del Orlando Fals Borda en el lugar que le corresponde dentro del Departamento y la estructura curricular de la carrera de sociología. Necesitamos muchas personas que como Fals Borda, continúen haciendo ciencia útil para la construcción de paz con justicia social en nuestro país.

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