jueves, diciembre 06, 2018


La actual movilización estudiantil vuelve a poner sobre la mesa la discusión acerca del histórico problema de financiación que tienen en nuestro país las instituciones públicas de educación superior. Como hijas e hijos de la principal de estas, la Universidad Nacional de Colombia, que fuimos estudiantes y vivimos otras coyunturas muy importantes de movilización en defensa de la educación pública, queremos compartir en este artículo unas breves reflexiones a propósito de la coyuntura que atraviesa el movimiento estudiantil. 

En medio de charlas informales acerca de la importancia de estas reivindicaciones, nos reunimos para respondernos: ¿de qué depende que sus manifestaciones sean solo coyunturales? O mejor aún ¿cómo lograr sostener en el tiempo las demandas de este movimiento? Nadie pone en duda el amplio poder de convocatoria que tiene la causa de defender una educación superior pública, de calidad y gratuita para contribuir al cierre de las brechas sociales existentes en nuestro país. Basta con ver las calles abarrotadas de estudiantes y simpatizantes, al tiempo que el tráfico de nuestra Bakatá, de por sí caótico, se colapsa. 

No obstante, la fuerza de movilización del movimiento estudiantil que crece rápidamente, se diluye del mismo modo que la espuma de estas polas con las cuales amenizamos la charla. Pareciera como si el fervor de la lucha se mantuviera únicamente durante las interminables discusiones que se entablan en las asambleas estamentarias o en las mesas de diálogo, donde el Ministerio de Educación –una vez más- niega reconocer la perversidad de políticas orientadas a destinar recursos públicos para pagar las onerosas matrículas de universidades privadas, en lugar de fortalecer nuestras alma mater. 

Tan pronto las partes llegan a una “solución” y se levanta el paro, por lo general con acuerdos de paños de agua tibia, las calles se vacían y el tráfico citadino vuelve a su caótica normalidad, pero la crisis continúa, desde luego, porque es estructural. Antes responder al interrogante, veamos dos elementos de análisis del contexto actual: 

Primero. Era previsible. Desde la elección de Duque supimos que durante estos cuatro años solo la movilización permanente de todos los sectores sociales podría neutralizar esta opción de gobierno retardatario que las élites tradicionales en el poder apoyan para conservar sus privilegios. Para la autocrítica quedará el análisis concienzudo de aquellos estudiantes, profesores e intelectuales en nombre del voto en blanco, y con una aparente independencia, que neutralizaron la posibilidad de hacer realidad una opción de gobierno diferente a la de las élites tradicionales en el poder. 

No extraña entonces que el paro reviente luego de tres meses del inicio del Gobierno de Iván Duque, suficientes para entrever un uribismo recargado, con ánimo de revancha y alimentado por un cóctel de doctrina ultraconservadora en lo político y neoliberal en lo económico, que amenaza con retroceder al país en términos de garantías de derechos, especialmente, de los sectores sociales que demandan una protección especial por parte del Estado, como pueblos étnicos, mujeres, jóvenes, LGBT, líderes sociales y ex combatientes de la FARC-EP en proceso de reincorporación, entre otros. El primer turno de la baraja de recortes le correspondió a la educación. 

Segundo. Sin las FARC-EP como comodín para estigmatizar y criminalizar, las movilizaciones gozan de mayor legitimidad. De hecho, con el Acuerdo de Paz el uso de la violencia como expresión del movimiento estudiantil, cada vez genera más rechazo hacia adentro y en la sociedad en general. De tal forma, las y los estudiantes de las universidades públicas y privadas se han encontrado con un ambiente más receptivo hacia sus explicaciones, por lo cual bailan, cantan y sienten las arengas de siempre, como nunca (incluso en el reciente concierto de Roger Waters buscaron el apoyo del artista, quien al escucharles no dudó en expresar su respaldo a la defensa de la educación). 

En contraste, el control violento del Escuadrón Móvil Anti Disturbios (ESMAD) en las últimas marchas pone de presente la naturaleza violenta y terrorista de los cuerpos de represión del Estado y evidencia lo estratégico de la protesta carnaval para llenar de legitimidad las movilizaciones y hacer frente a las infiltraciones de saboteadores y agentes de inteligencia estatal. 

A nuestro juicio este es un hecho absolutamente positivo, dado que la paz de Santos produjo un desincentivo a la movilización social logrando que muchos sectores creyeran en los canales institucionales. Hoy el movimiento estudiantil resurge y se posiciona en el centro de la movilización a la cual se han sumado otros sectores sociales. 

Aprender de los errores del pasado 

El referente anterior más exitoso de movilización estudiantil fue el de 2011 contra la reforma a la Ley 30 de 1992. Allí se desató una gran creatividad en los repertorios de acción, que logró tocar la cotidianidad y el corazón de la ciudadanía, convocando a la solidaridad nacional. Se creó la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE), cuyo potencial afirmó que hay buenos elementos para consolidar liderazgos con pensamiento crítico. 

A pesar de lograr detener la reforma, antes y después de esa oportunidad, errores de táctica y estrategia llevaron a derrotas y desgastes del movimiento estudiantil que, con el pasar de los días, llevaron al debilitamiento de tales liderazgos evidenciada en la pérdida de confianza del estudiantado en esta instancia, burocratizada de a pocos hasta caerse por su propio peso. 

Eso sí, de ahí rescatamos que se formaron numerosas conciencias, liderazgos y ejercicios de compromiso dentro de esa generación, algunos de los cuales han trascendido y continúan aportando al cambio social desde otros espacios (por esta razón es fundamental el apoyo y consejo de aquellos protagonismos en el actual movimiento estudiantil). Sin duda, estos procesos generan personas capaces de interlocutar y debatir con argumentos las posiciones del Gobierno, pero ante todo debe prevalecer el espíritu colectivo, que evite construir caudillismos innecesarios sobre luchas colectivas, siendo muy importante la rotación en las vocerías y los relevos en los liderazgos estudiantiles. 

Además, es preciso referir que la influencia de partidos políticos dentro del movimiento estudiantil no puede dar lugar a la instrumentalización de las movilizaciones. No puede perderse de vista que los partidos y movimientos políticos permiten la formación de liderazgos con capacidad de entendimiento a más largo plazo y su papel dentro de las luchas por la exigencia de derechos en la sociedad colombiana es indispensable, pero debe evitarse que las expresiones estudiantiles sean capturadas por intereses ajenos. 

En este sentido, no es aceptable que partidos o movimientos políticos persigan apropiarse de las fuerzas que oxigenan cada jornada de movilización. Estimamos que existe una mejor articulación entre movimiento estudiantil y bancadas alternativas del Congreso de la República, donde se congregan distintas fuerzas progresistas, sin que ninguna en particular se apropie del movimiento. Una adecuada articulación entre debate parlamentario y presión ciudadana en las calles es una fórmula que puede alcanzar grandes logros. 

La militancia estudiantil es transitoria pero potente con articulación 

El movimiento estudiantil se renueva permanentemente por la subjetividad sobre la que se fundamenta. Como no se es estudiante toda la vida (con algunas excepciones), los egresados y egresadas se desentienden rápidamente de las agendas universitarias y su título les da la bienvenida a la clase trabajadora, sin desconocer que en la comunidad estudiantil convergen ambas calidades. Esto perfecciona el ciclo de agitación impetuosa de la organización estudiantil y su pronta disolución. 

En nuestro concepto, la explicación de este fenómeno no radica en las presiones del calendario académico (vacaciones, cancelación de semestre, cierre de las universidades) sino principalmente en la falta de articulación con otras reivindicaciones. La defensa del derecho a la educación será limitada si no logra mantener escenarios de concientización, movilización y paro que permitan adquirir una comprensión más clara y profunda acerca de las causas estructurales, junto a las contradicciones internas, que impiden el goce pleno de este derecho dentro del actual modelo de sociedad. 

En la medida en que las y los estudiantes se interesen por fortalecer los vínculos del movimiento con otras expresiones de la organización popular que también tienen demandas específicas, ligadas entre sí, como el movimiento sindical, de mujeres, campesino, indígena, afro, LGBTI, entre otros, sus apuestas pueden llegar a trascender situaciones coyunturales y fijar agenda en las discusiones públicas: “Garantizar la continuidad de las demandas en el movimiento estudiantil es un imperativo si se quiere evitar que, cada tanto, tenga la necesidad de movilizar sus integrantes para exigir financiación”, nos dijimos antes de despedirnos. Esa será la fórmula para que el río permanezca por mucho que cambien las aguas de su cauce.

COLECTIVO AGRARIO ABYA YALA

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